09 febrero, 2007

Una de romanos

Juegos de manos
a la sombra de un cine de verano,
Juegos de manos…
siempre daban una de romanos.

Una de romanos, Joaquín Sabina

La semana pasada mi hermana apareció por casa con un jamón en la mano. Más que llevarlo en la mano, lo arrastraba por el suelo de la cocina. Me dijo que el jamón tenía una historia “de esas que te gustan para tu blog”. Que si la quería, me la daba. Y me la quedé, aunque no sé si voy a poder contarla para que quien la lea se ría tanto como me reí yo, mirando incrédula al jamón…

Todo comenzó con la compra de una paletilla ibérica. Al comprador lo llamaremos, con el fin de preservar su anonimato, “el tipo del jamón”. Como era viernes, el tipo del jamón había quedado con sus amigos a comer, tomar una copita y jugar la típica partida en un bar cercano a la empresa donde trabajan sus amigos. No iba a ir cargando con la paletilla, así que la dejó bajo su abrigo en un perchero en la empresa. Y cuando volvió, el jamón había desaparecido. Horror en la cara del tipo del jamón. ¿Quién se había llevado la paletilla?

Pasaron los días y la paletilla se fue quedando en el recuerdo. El tipo del jamón ya no podría comérsela o regalarla… o lo que fuera que fuese a hacer con ella. Muy mal rollo. Que se vio incrementado cuando, quince días después, se encontró con dos personas que afirmaban saber quién había robado el preciado fiambre. Alguien que, según ellos, se vanagloriaba de haberlo hecho.
- Ah, ¿esto es el del tipo del jamón? Pues me lo llevo. Que se joda, que él tiene mucho dinero.

El tipo del jamón se quedó estupefacto al oír esto. Pero no fue capaz de hacer nada, o al menos no lo hizo directamente. Sólo le contó a otro amigo suyo, al que llamaremos “el cotilla”. Y el cotilla, haciendo honor a su nombre, propagó la historia por toda la empresa, añadiendo el nombre que, según él, debía aplicarse a partir de entonces a quien se había llevado el jamón. El nuevo apelativo lo dejaba bastante mal: “el choro”.

El choro por aquí, mira, acaba de llegar el choro, ten cuidado con el monedero que te lo va a mangar el choro, otra vez el choro, a ver si se va a llevar tu abrigo… A la gente de la empresa pareció hacerle gracia la cosa, es el típico nombre que se va quedando... hasta que un día, ocurrió algo decisivo. Decisivo, al menos, para que mi hermana apareciera por la puerta de casa con sus sempiternos tacones y arrastrando un jamón.

El choro no pudo soportar más la presión social. Un día, el tipo del jamón y sus amigos estaban comiendo, y de repente apareció el choro y le pidió las llaves del coche. Entre risas, el del jamón le dijo que no sabía si dejárselas, “porque como eres un choro, a ver si me vas a robar el coche también”…

Cuando el tipo del jamón volvió al coche, allí había una paletilla y una nota. Una nota que no leyó. Lo hizo, días después, mi hermana. “Te regalo el jamón, tira la nota. Supongo que en ella reconocerá por fin que me robó el jamón”.

Mi hermana se la leyó. Y allí no asumía responsabilidad alguna. Sólo quería que dejaran de llamarle el choro. Confesión sin confesar por un apodo. Qué cosas hace la presión social.

Que mi hermana arrastre un jamón hasta mi cocina. Sin ir más lejos.


Yuppppiiiii… esta noche los Tigres y Leo Minax…

2 comentarios:

vega dijo...

jajajajaja. que buena la historia del jamón, que buena esa canción de sabina y que bueno lo d esta noxe.
nos vemos. besos

Anónimo dijo...

Y para cuando la crónica del concierto???
No te hagas tanto de rogar...
Gracias!!!