27 febrero, 2007

Un minuto, hacia donde me lleve

Una amiga de mi madre, al sufrir una experiencia terrible en su vida, se colgó un cartel sobre la cabecera de la cama. En él había una sola frase. Hacia atrás, ni para tomar impulso. Para todos los que sonríen cuando sufren. Y para los que lloran cuando sufren. Para los que sufren, en general. Respeto mucho el sufrimiento humano, tenga los motivos que tenga...



Antes me muero que reconocer que me muero, metafóricamente o en realidad. Cuando deje de existir, chisporrotearé como las velas que se apagan, pero nadie sabrá que es porque se estará terminando la mecha. No se confiesa, nadie debe saberlo. Que hay días en los que no puedo con nada y al final termino por tener que poder. No es orgullo, ni soberbia, ni convencimiento en mis posibilidades. Quizá sea una especie de retorcido instinto de supervivencia que me dice que los minutos sólo puedo vivirlos hacia delante, casi sin pensar, sin esperar nada porque nada me espera.

Aunque la vida sea como un cuerpo hostil. Aunque el cuerpo sea tan hostil que no permita la vida. Mañana tras mañana, antes me muero que reconocer que me muero. Antes me apago yo misma que claudicar, prefiero seguir mirando hacia el horizonte. No puedo hacerlo, no puedo mentir, si tiene que ocurrir prefiero borrar lo que quede.

Asomada a mi propio miedo, no veo más que lo inmediato, dejo de pensar en el largo plazo y el encaje de los cuerpos me parece imposible. Cuando queda lo que es carne y se sueltan las amarras del dolor, el alma se descoloca de la misma manera pero deja de importar que se vierta en cualquier parte. Llega el minuto decisivo. No lo voy a contar.

No voy a dejar de existir hasta el último minuto de duración de mi batería vital. Los indicadores se quedarán a cero. The end. Punto final. Será de repente, sin calcularlo, ni me voy a dar cuenta. Mejor que nadie lo note. Seguiremos hasta terminar. O hasta empezar.

Antes me muero que reconocer que me muero.

Antes me muero que reconocer que te quiero.



La foto... Tears, de Man Ray (1932)

5 comentarios:

Reyes dijo...

Hoy me siento muy identificada con este texto. Me ha gustado sobre todo: "Hacia atrás, ni para tomar impulso". Lo pondré en práctica.

Kika... dijo...

Mi madre siempre me lo recuerda, me lo dice, que no mire hacia atrás. Me habla de su amiga y el cartel en la cabecera de la cama (es verdad, no es un recurso literario). Y hay días que no se tiene ganas de nada, y otro en los que te despiertas con una canción pegada en la piel que dice algo así como...

... no es por quitarte la razón
que veo el mundo con mi lente del revés
es porque a mí el temporal
me sacudió también...
(JL Manzanero... Algo ha cambiado)

Pues eso. Nos vemos el viernes, si no antes...
Besos,
K

vega dijo...

acabo de leer algo en otro blog q me ha hecho pensar mucho y ahora llego aquí y esto de mirar atrás justo cuando yo estaba mirando... pero era otra mirada: era una mirada de decir: has tenido lo mejor y vas a conformarte ahora con cualquier cosa?? esa mirada también viene bien para seguir avanzando y elegir el camino correcto, para evitar el sufrimiento en la medida de lo posible (en la medida en que depende de nosotros)... y seguir siendo lo más feliz posible!!! un beso a las 2, nos vemos el viernes felices, sonrientes y divinas, como siempre!!

Kika... dijo...

Esa es la buena mirada hacia atrás, la que no se pierde, la que aclara y no oscurece...

Besos...

Lara dijo...

Me quedo un rato en la última frase, Kika.
Beso.