05 febrero, 2007

Escuchar la magia

Cuando nació era tan pequeñita que cabía en la palma de la mano. Supongo que todos tenemos nuestro momento en el que nacer, en el que los cálculos de los padres o los médicos no importan. Yo nací más tarde, y ella, mucho más pronto.

Todos decían que tendría secuelas irreversibles. Cada día que lograba vivir incrementaba sus probabilidades, por lo que los meses pasaban en una especie de algoritmo constante que calculaba la vida y la muerte con una asepsia tan carente de emoción que daba miedo. Un mes, setenta por ciento. Y así sucesivamente... despacio y segura.

Nació para volver a nacer. Y lo consiguió. Pero todos pensaban en las secuelas de su lucha. Tenía que haberlas.

Un día, su abuela la llevaba en brazos hacia un lugar donde había mucho ruido. Recuerdo perfectamente que mi madre se acercó y le dijo que un bebé no debería estar allí. Demasiado estruendo.

- No importa - dijo su abuela - Finalmente nos han dicho que es sorda. Pero somos felices por tenerla aquí, con nosotros.

Y mi madre, que es un hada con tanta magia que podría ser la madre de todas las hadas de todas las realidades paralelas del Universo, le contestó:
- Llévate a la niña de aquí. Vengo de una familia de sordos y te aseguro que ella no lo está. Por mucho que os lo digan.

No se equivocó.
Magia.

2 comentarios:

Reyes dijo...

Me ha encantado esta historia, la magia flota a nuestro alrededor.

Kika... dijo...

Cada vez que escucho o leo algo sobre un bebé prematuro me acuerdo de ella. Y de mi madre. Te diré que ahora es una señorita de casi diez años, si no me equivoco, preciosa, con buena salud y el nombre más curioso que hayas escuchado jamás... Supongo que es lo que tiene ser una luchadora...
Si quieres oirlo de labios de mi madre, es suficiente con que le preguntes, aunque ella te dirá, con su humildad habitual, que no es un hada... No te lo creas...
Besos y magia!