21 febrero, 2007

En mi mano, no

El domingo fui al cine. Esto es noticia porque voy cada vez menos. La película tiene que interesarme mucho para arrastrarme, tanto que me he dado cuenta de que últimamente sólo veo películas que de alguna manera pueden interesarme para lo que estudio. Supongo que es porque me gustan las pelis antiguas (y esas no las ponen en el cine). Y también porque la pantalla del cine me cansa los ojos desde que tengo la misma mirada que Denzel Washington.

Lograron sacarme de casa prometiéndome palomitas y una película sobre África. “De las que te gustan”, me dijeron. Bueno, ya veremos.

El largometraje en cuestión se llama Diamante de sangre
. Por lo visto, la han estrenado esta semana. Trata sobre el tema de los diamantes de zonas de conflicto a finales de los años noventa. En concreto, se desarrolla en Sierra Leona, un país que ha sufrido uno de los conflictos civiles más cruentos de África.

¿Y qué tendrán que ver las piedras preciosas con las guerras? Pues, desgraciadamente, mucho. Demasiado. Los diamantes se extraen, frecuentemente, empleando mano de obra en condiciones de esclavitud. El dinero obtenido mediante su venta se emplea para comprar armas (made in USA, o made in Europe… qué sorpresa), que a la postre alimentan las guerras. Estos conflictos pueden tener una base étnica o territorial, pero normalmente se basan en el control de los recursos naturales. Una muy cruel retroalimentación.

Si hiciéramos un mapa de los principales yacimientos de oro, diamantes, coltán o petróleo (son sólo unos ejemplos) y lo superpusiéramos al mapa de los conflictos en África, coincidirían casi al 100%. Porque, además, los que no se explican por eso, lo hacen por estar en las zonas de paso de estas mercancías.

Y eso, en un continente que es un mundo aparte (EEA, Esto es África, dicen los personajes de la película), donde la guerra se hace a tiros y machetazos contra la población civil con música a todo volumen sobre viejas camionetas japonesas y donde los niños son separados de sus familias para convertirse en niños soldado (recuerdo un trabajo de investigación sobre este tema de mi amiga Jalbi que de sólo leerlo ponía los pelos de punta).

La película no es que me haya encantado. En mi opinión, es un digno largometraje de acción y aventuras que retrata de manera algo traída por los pelos la situación de los conflictos civiles en África, recurriendo a muchos clichés. Y ya está. Alguna cosa merece la pena, algún diálogo, algún personaje, pero su principal mérito puede ser simplemente dar a conocer la situación de los diamantes de conflicto.

Seguro que si mucha gente supiera que hay personas en África que pierden sus manos para que otros podamos lucir unos diamantes en las nuestras, se lo pensarían dos veces antes de adquirirlos.

Estas piedras preciosas deben estar certificadas para saber a ciencia cierta de dónde proceden. Desde el año 2000, las Naciones Unidas están realizando grandes esfuerzos para reducir el flujo de diamantes de conflicto, especialmente con la resolución A/RES/55/56 de la Asamblea General. Al examinar este tema del programa, la Asamblea General reconoció que los diamantes de zonas en conflicto eran un factor de importancia crucial en la prolongación de guerras brutales en algunas partes de África y destacó que los diamantes lícitos contribuían a la prosperidad y el desarrollo en otras partes del continente. En 2003 se firmó el Proceso de Kimberly, una iniciativa encaminada al diálogo con los compradores y los Estados exportadores para evitar el tráfico ilegal de estas piedras preciosas.


De todas maneras… más que Diamante de sangre, recomiendo, por ejemplo (hay muchas) Hotel Ruanda, sobre el conflicto de los Grandes Lagos.

Con este post… inauguro una nueva etiqueta, Kikel TV, sobre cine, televisión, vídeos…

Primicia primiciosa… ya tengo el calendario de festejos para el mes que viene en el Café Barbieri (gracias Henar)… podéis ir pidiendo que os pongan una cama en el café, porque hay tanto que ver que no vais a salir de allí…

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