11 enero, 2007

Panteón (V)

El Síndrome de Scott

En la ciencia y en el amor, igual que en los récords deportivos, llegar el segundo no sirve de nada. Sólo cuentan los primeros en llegar a la meta.

Se llama síndrome de Scott. Llegar el segundo en la carrera vital. Scott perdió contra Amundsen en su búsqueda del Polo Sur. Llegar el segundo no fue suficiente: pudo ser un error de cálculo o una jugarreta del destino.




Siempre he pensado que todo tiene su orden en el fondo, y llegar la segunda nunca me ha preocupado. Lo importante es llegar, sobre todo cuando los acontecimientos de la vida te han llevado a respetar, de algún modo, ese orden subyacente.

Nos dicen que lo importante es participar. La mayor parte de las veces, puede que sea así. Pero en la ciencia y en el amor no. Descubrir algo es quitar el velo de lo que se ignora. De lo que todos ignoran. En definitiva, ser el primero.

Hace poco tuve que dar una explicación de por qué algo era de una determinada manera. “Supongo que porque la otra persona llegó antes”. Mi interlocutor me dijo que era una razón estúpida. Puede que sea estúpida, pero era real.

Eso es el Síndrome de Scott. Que alguien llegue antes que tú. Y que por eso, sólo por eso, salga ganando.

No lo acepto. Porque al final ocurre como pasó con Amundsen y Scott. Sobre el primero poco se ha escrito. Pero todo el mundo conoce la tragedia del segundo, que murió con toda su expedición cuando volvía del Polo Sur. Murieron de frío, de pena y de injusticia porque la bandera que ondeaba en el extremo de la Tierra era la de otro.

Ahora la base de investigación científica que hay en el Polo Sur se llama Amundsen-Scott. Ser el segundo es trágico, pero al final hubo venganza.

El segundo quedó para la posteridad. Al menos, tanto como el primero. Pero no pudo disfrutarlo porque ya había muerto.

3 comentarios:

Okr dijo...

Si se hubiera propuesto llegar segundo, seguro que habría muerto feliz.

Kika... dijo...

Seguro.

Kika... dijo...

Seguro.