10 enero, 2007

Cosas del amor que no entiendo… por mucho tiempo que pase (IV): la Terapia Sim


Me gustan mucho los videojuegos, especialmente los de aventura gráfica y los de estrategia. Los de coches también… vamos, que menos los de guerras, matar y eso, me gustan casi todos. He tenido temporadas en las que he estado enganchada a algunos juegos y no he parado hasta terminármelos: construir el Imperio Romano, conquistar civilizaciones, gestionar flotas de barcos o parques de atracciones… Pero el juego que me ha causado una mayor adicción – tanta que terminé por desinstalarlo – ha sido Los Sims.


Primero empecé con lo típico, una familia cualquiera, con su casita y su tele. Nada fuera de lo normal. Una vez que fueron avanzando en la escala social, empecé a crear más familias, pero se me ocurrió ponerles características de gente que conocía. Primero el nombre, luego el signo del zodiaco, el carácter… hasta que descubrí una opción de personalización para crear tus propios Sims (creo que se llamaba The Sims Creator, o algo así). Y eso fue lo que hice. Ponerme manos a la obra.

En mi juego había un microcosmos, una realidad paralela en la que ocurría de todo. Ya, ya lo sé… me imagino que a estas alturas habrá gente que se estará preguntando qué tienen que ver el amor y los videojuegos.

Lo primero es que Los Sims servían como una herramienta de predicción del futuro. ¿Qué querías saber si esa chica de la academia se iba a enrollar por fin con el preparador? Pues los ponía (más bien, ponía a sus Sims) en casas contiguas, y sólo había que esperar a ver si florecía el amor… o más bien lo contrario…

Y lo mejor fue lo que descubrí después: la Terapia Sim. Porque una vez que un Sim cobra vida, puede pasarle de todo. Normalmente se hace de todo para que sean felices, les vaya bien, ganen mucho dinero, tengan hijos y cosas así.

Pero también te puedes hacer un Sim de tu ex-novio, por ejemplo. Con su foto y todo. Clavadito. Y dejar que le ocurran algunas desgracias. Podría tener muy mala suerte en el trabajo y terminar perdiendo su casa, o muerto de hambre por algún rincón. O comido por la guarrería resultante de no limpiar nunca su casa…

La Terapia Sim me ha dado buenos resultados, especialmente en una ocasión, en la que cierto Sim que no aportaba nada a la comunidad tuvo un lamentable “accidente” doméstico. Es que hay que tener cuidado al cocinar, si no se sabe hacer demasiado bien… pasa lo que pasa… Pobre Sim… Y no tenía alarma de incendios, eso le pasa… por tacaño…

Qué mala suerte, terminó un poco quemado. Más bien, quemado del todo (en sentido literal). Yo esperaba que apareciera el Segador Inexorable, que es un personaje muy siniestro, con su guadaña y todo, porque eso quiere decir que te puedes jugar la vida de tu Sim a “piedra, papel o tijera”. Pero el Sim de este chico no debía ser una adición demasiado interesante a la SimComunidad, así que el Segador ni apareció.

Luego salió una lápida en el jardín.

Hasta que un día mi hermana me dijo: “¿Eso es una lápida? Es que la puedes vender. Te dan dinero.”

Así que vendí su lápida. Terapia culminada. Un poco cruel, pero es que el amor (al menos a veces) lo es también…

2 comentarios:

hidden_angel dijo...

Pedazo de terapia lo de los SIMs. Nunca lo había visto así pero lo mismo tenemos que quedar un día y echar unas partidas para terminar de exorcizar ciertos males.
No es mala idea... Es que no te puedes ni imaginar la de cosas que se me están ocurriendo... Desde luego...
Besinos

PD: A ver si hay pronto quedada del club humanista Laika y podemos sacar nuevos temas para tu serie de posts.

Kika... dijo...

Qué bien, a ver si nos organizamos...

Besos