21 enero, 2007

Alina

Yo toco la guitarra. Bastante mal, aunque toqué durante dos años en el coro al que pertencí durante mucho tiempo. Pero lo hice porque hacían falta dos guitarras y no había otra persona.

Fui la alumna menos aventajada de mi clase de música. No sé si por zurda - es una excusa estúpida como otra cualquiera, ha habido grandes guitarristas zurdos - o por la falta de fuerza en las manos que todo el mundo sabe que tengo. O por mi incapacidad. Da igual.

Porque me compré una guitarra muy bonita, para zurdos, de esas que el guitarrero tiene que ponerse a modificar, no sin antes haberme dicho que por qué no tocaba como los diestros. Da igual, estoy acostumbrada a que no me corten las tijeras. Le dije que la modificara.

Elegí una guitarra enorme, que quedaba muy rara con mis manos, que son bastante pequeñas. Suena grave y está hecha con madera de color claro. Me encanta y nos entendemos regular. Como con alguna gente.

A la guitarra le puse un nombre. Babe, como el cerdito valiente. Babe, como me llama mi amigo Will. Hasta una amiga me regaló una etiqueta negra con letras blancas para que se la pusiera. No es la Gerundina de Raimundo Amador ni la Lucille de B.B. King, pero es la mía.

Hasta que hace un par de semanas supe que iba a incrementar mi colección con otra guitarra. Son las paradojas de la vida, porque hace mucho que no saco a Babe... y ahora tendré dos guitarras. Era la de mi abuelo, una de las personas más maravillosas que he conocido. Alguien absolutamente sobrenatural. Dicen en África que cuando muere un viejo de la tribu es como si se quemase una biblioteca. Cuando mi abuelo se apagó, exactamente como había vivido, se quemaron muchas bibliotecas. Quizá incluso la biblioteca universal, esa de El Aleph.

Ahora voy a tener su guitarra y no sé qué hacer. Si modificarla para poder tocarla o dejarla como está. Para diestros, con su afinación personal, porque mi abuelo tocaba de oído y una de las cuerdas está afinada de manera distinta a la estándar. Aún ni la he sacado de la funda porque no me atrevo demasiado. Como si se le fuera a caer la magia por el hecho de tocarla.

Al menos, sí he podido ponerle nombre. Por nada en especial, se llama Alina. Como si fuera un personaje de sus cuentos, pero en realidad nunca hubo ninguno llamado así.

Luli quiere tocar la guitarra. Como Kika (espero que mucho mejor). Acabo de pensar que quizá Alina deba ser para Luli. No la voy a tocar de momento.

3 comentarios:

vega dijo...

yo nací zurda, pero me enseñaron a ser diestra. lo aprendí a veces. fuí a clases de guitarra sin ninguna vocación, sabiendo de sobra que no tenía ningún talento, con mis manos minúsculas de dedos absurdamente cortos. el profe se empeñó en q yo no era zurda, que eso eran manías, se negó a darles la vuelta a las cuerdas. dijo que me iba a costar más aprender si tenía q darle la vuelta en mi cabeza a lo que el enseñaba, dijo que sería más fácil que me acostumbrase. a las dos semanas tuvo que admitir que yo era zurda para la guitarra y punto!. mi padre cuando alguien es muy torpe dice que "es zurdo para el carretillo". pues eso, yo soy zurda para la guitarra, para saltar altura, para rematar en voleyball, para barrer, para dar palmas y para otra infinidad de cosas... tb, claro, para el carretillo porque tanto jugar con mi lateralidad y con mi mano dominante soy muy muy torpe!!

Lui dijo...

Yo tambien soy zurdo, y también tengo dos guitarras. Cuando era pequeño, mis padres se empeñaron en que aprendiera a tocar el piano. Sí, no hay muchos sonidos comparables al sonido de un piano pero, el piano es un instrumento solitario, es un instrumento impersonal; jamás nadie le puso nombre a su piano. Cuando tenía 18 años, por envidia de la conocida como sana, me empeñe en que yo también quería tocar la guitarra. Y ahí empieza una serie de preguntas que jamás surjen cuando te compras un piano:
--Tipo de guitarra: electroacústica de caja estrecha
--Para zurdos o diestros: para diestros
--Nombre: Sandra
--.......

La única ventaja de tocar regular un instrumento, es que nunca es tarde para empezar de nuevo. Y la magia de la guitarra, no está en el sonido en sí, sino en la gente que hay alrededor (muy al contrario de lo que ocurre con un piano, puesto que casi siempre la gente que lo escucha -mis vecinos- no hacen otra cosa que quejarse). Y recuerdo con añoranza cuando iba con mis amigos a cualquier parque de Granada, con las guitarras a hacer un ratito el gilipollas. Y daba igual que llevaras tu guitarra o no, porque podías coger cualquiera. La decisión estaba clara, tocaría como un diestro, a pesar de llevar el ser zurdo por bandera.

El nombre se lo puso una gran amiga -Ana- que tenía una amiga que tocaba mucho a Silvio y que se llamaba Sandra. A ella nunca la llegué a conocer, pero casualidades de la vida, una de mis mejores amigas se llama Sandra. Cuando se enteró que adopté una nueva guitarra (me la traje de Turquía este verano), me dijo "a esta le llamas Sandra2, y esta vez dedicada a mí". Así que tengo a Sandra1 y a Sandra2.

Ahora, mientras escribo tengo a una de mis Sandras (que más da cual), entre mis manos. Llevaba años sin tocar la guitarra (Dios!!! se me ha olvidado casi todo!!!!); llevaba años sin inspiración. Quizás los mismos que duró mi última relación, seis. Y ahora que esa relación ha terminado, quizás vuelva la inspiración que perdí.

Por último recordarte que da igual que una biblioteca se queme o que se cierre a cal y canto. Una biblioteca a la cual no se puede acceder, no aporta sabiduría. La guitarra de tu abuelo, está cargada de magia, pero magia encerrada en una botella. Libera toda esa magia...

Kika... dijo...

Vega: Dicen que la zurdez (no sé si se dice así) no está en las manos, sino en el cerebro. Nos gobierna el hemisferio derecho, o eso dicen (la verdad es que desconozco las implicaciones de eso)... yo soy zurdísima para todo: para lo que me han enseñado y para lo que no. Fíjate que llegué a pensar que nunca podría conducir un coche (tenía que usar mi mano "mala" para cambiar las marchas)... Besos

Lui: Qué bonito lo que cuentas. Tus dos Sandras. Los nombres no se ponen por casualidad sino que llegan a nosotros... como supongo que lo hacen los objetos. Hacía mucho que no sacaba la guitarra, pero quizá te haga caso y la pasee un poco... No me olvido de tu canción, en cuanto la tenga te la envío... (y la DiFranco no veas qué estilo más personal tiene cuando toca...)