01 diciembre, 2006

Regístrame (en el sentido lingüístico de la palabra)

En el espacio de una semana, dos personas me han dicho que hablo como escribo. O que escribo como hablo. Que nadie podría suplantarme en el Messenger porque ver las letritas de la conversación es exactamente como escucharme hablar.

No sé si eso es bueno o malo. Me gustó que me lo dijeran, pero me quedé pensando… a veces lo hago. Según me explicó el Arquero (una de las dos personas que me lo dijo), cada persona tiene dos registros. Uno que emplea para escribir y otro con el que habla. A veces los dos registros se acercan, y otras se alejan o tienden a guardar distancia entre sí. En mi caso, no hay diferencia o ésta es muy pequeña. Lo que me tranquiliza es que el Arquero dice que es así desde que me conoce. Menos mal, porque ya estaba empezando a pensar que mi mente iba por el camino imparable de la simplificación que se le supone al lenguaje hablado con respecto al escrito.

Mi amigo decía también que es una buena situación, porque así no decepciono. En cierto modo, escribir como hablas (creo que el orden causa-efecto en mi caso es ese) hace que probablemente transmita lo mismo en los dos registros. De hecho, he encontrado que cuánto más corrijo un texto, peor creo que me queda: más cursi y diplomático en el mal sentido de la palabra. Aunque, por otra parte, debería trabajar más mi estilo escrito, los comentarios de texto de la oposición me lo agradecerían…

Mi mente no debe ser tan sofisticada como la de mis interlocutores, porque a mí me cuesta mucho ver esa diferencia entre los dos registros. El Arquero me daba ejemplos de cómo a veces las personas van aproximando ambas maneras de comunicarse porque escribir y ser leídas les sirve para ir afirmando su forma de ser.

Me hablaba también de su caso concreto, de cómo considera que es mejor escribiendo que hablando. Había evidencia empírica para apoyar lo que afirmaba. Pero cuando yo le dije que la diferencia no la veía por ninguna parte, él me contestó que era porque yo lo “había conocido hablando antes que escribiendo”. No lo había pensado, pero puede que tenga razón.

Me temo que la raíz de todo está en que valoro mucho el lenguaje verbal (y el no verbal)… y que lo que valoro en el lenguaje escrito es precisamente lo que se parece al hablado. Llevo ya unos años ayudando a mi madre a traducir artículos científicos, escritos por profesores e investigadores universitarios, y muchas veces son tan opacos que no permiten otra traducción que la que se puede hacer palabra por palabra. Y una traducción así es un asco. Sinceramente, y lo digo porque ya tengo experiencia. Por eso valoro la inmediatez y la claridad cuando se escribe… cualidades propias de cuando se habla.

Volviendo a mi conversación con el Arquero, él veía claramente que mis registros son muy parejos. Y que eso tenía dos consecuencias. Una mala, que es que no sorprendo. Lo acepto. Porque la consecuencia buena era muy buena. Que tengo el aliciente de que se sabe cómo soy. Que no hay ni trampa ni cartón. Que, como decía la primera persona que lo detectó, se puede poner tono a las letras rosas de lo que digo por el Messenger. Eso me gustó mucho, porque siempre he pensado que la pantallita blanca llena de frases es algo muy frío.

Ahora sé que hay personas (dos, que yo sepa) que me escuchan cuando me leen. Así que me despido de ellas como siempre en el Messenger. Que la kikamagia os acompañe. Mejor, que os acompañe a todos. Que la Luna está en cuarto creciente… cuidadito…



Me sumo a la petición del Arquero… que TVE reponga “Falcon Crest”…

El cuadro… es de Franz Marc… y se llama “Caballos”… lógicamente…

Ya está completo... el calendario de festejos: si quereis gastaros toda la paga extra en conciertos la cosa está muy fácil... (y hay más, el listado no es exhaustivo, sino que obedece a mi ausencia de criterio...)

2 comentarios:

hidden-angel dijo...

Debe ser el tema de la semana porque también estuvo hablando de eso conmigo. Sólo que yo sí que tenía los dos registros mucho más separados y parece ser que se han ido acercando.
Siempre he pensado que escribo mejor de lo que hablo. Tampoco es que escriba a las mil maravillas pero, cuando escribo, digo lo que quiero decir y de la manera que quiero decirlo. Cuando hablo me aturullo y me da vergüenza y al final las palabras se trastocan entre mi cabeza y mi boca.
Es gracioso que te digan cosas así.
Lo siento pero no te oigo cuando te leo. Pero sí que me queda la misma sensación que cuando hablo contigo. No sé lo que es. Pero supongo que eso es lo que tienen las sensaciones.
Besinos

Kika... dijo...

Ángel, tú eras precisamente uno de los ejemplos en los que gracias a tu blog, tu registro hablado se ha ido viendo apoyado por lo que escribes... y es cierto, se han acercado. Eso es porque hablas y escribes muy requetebien!
Besos!