25 diciembre, 2006

Panteón (IV)

Dos notas previas:
La escala de coma de Glasgow se emplea para conocer el nivel de conciencia de las personas cuando, por ejemplo, han sufrido un accidente. A mí me la aplicaron una vez al despertarme de la anestesia general después de una operación. Se inventó para ayudar a los médicos a evaluar la gravedad de los traumatismos craneoencefálicos y para conocer su evolución a lo largo del tiempo.

Este texto era el último de la serie del Panteón. Ha tardado en aparecer porque cuando lo escribí probablemente no era el momento de publicarlo. Y digo que era el último porque ya ha nacido un texto nuevo, que se llama “El síndrome de Scott”. Así que el Panteón seguirá latiendo de manera pausada y arrítmica por estas realidades paralelas. Dice Lady K que mientras siga yendo al Panteón, seguiré escribiendo. Y voy a seguir yendo.



La escala de coma de Glasgow

Estoy en coma. Donde me has enviado. Por sorpresa he llegado a perder la conciencia, el coma, estado de duermevela existencial deja de empujarme. Ahora me mece entre las nubes, con la cabeza en situación de impasse. Te diría algo, pero no puedo. No sé si puedo.

Todos me preguntan y no hay respuesta. Ajena a los estímulos externos. Concentrada en un solo estímulo. Soy yo, no sé si soy. ¿Si no siento, no existo?

Aplícame la escala de coma. Glasgow. En la que es imposible sacar un cero. El mínimo es tres. Tres si no respondo. Quince si he vuelto. No he vuelto.

Escala de coma de Glasgow. Apertura de ojos. Puntuación: ojos abiertos.
Te veo y abro los ojos, en ese orden. Me pregunto a qué respondo. Me lo preguntas, no lo entiendo. Dos puntos si es al dolor. Tres a tu voz. Cuatro, es espontáneo. Pero cómo explicar que respondo a tu voz y al dolor. Cómo saber si es tu voz la que me causa dolor, o si el coma duele. La vigilia de mi cuerpo despierta. Despacio. Al oír el dolor de tu voz. Reacción a un dolor que no sé si duele, que pienso que no puede doler.

Escala de coma de Glasgow. Respuesta motora. Puntuación: mejor respuesta.
Te veo, me muevo. Mi cuerpo lucha por no delatar mi estado, pide deliberadamente que creas en él. Dos puntos si hay extensión anormal, tres si es una flexión. Pero no puedo diferenciar entre extenderme y flexionarme. No sé hacia dónde me muevo. Quiero invadir tu espacio mientras miras lo que hay en mí de cóncavo y convexo. No tengo cuatro puntos, no me retiro. Sólo me expando con miedo hacia abrazos vacíos. En los que me gritas que vuelva de este coma. Mi cuerpo localiza el dolor. Eso son cinco puntos. Por saber si me duele un brazo o la pierna. Mejor, el hueco de mi espalda, la nuca, los intersticios de los dedos. Seis puntos si cumplo órdenes. Cumplo tus órdenes. Seis puntos por perder la voluntad.

Escala de coma de Glasgow. Respuesta verbal. Puntuación: mejor respuesta.
Quiero darte mi mejor respuesta. Decir lo que quieres oír. Eso son cinco puntos, pero no hablo por mi boca, ya no sé si son mis ojos. Orientada, cuatro puntos. Confusa, sólo tres. Si las palabras son inapropiadas, dos puntos, no sé ni lo que digo, sonidos incomprensibles, dos puntos.

Estoy en coma.

Abro los ojos espontáneamente.
Cumplo órdenes.
Respuesta verbal orientada.

He vuelto.

Panteón de Hombres Ilustres, principios de noviembre de 2006.

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