07 diciembre, 2006

Lobo

Siempre digo que soy lunera. O lunática. El ciclo del satélite me produce todo tipo de alteraciones. O quizá prefiero pensar que mi astro regente (soy Cáncer) tiene la culpa de los cambios en mi estado de ánimo. No lo sé.

Ayer hablé con alguien y le gustó mucho esto de la luna llena. Casi me pareció que era un poquito hombre-lobo… o lobo-hombre. Así que va por ti…



… me ibas a matar…
…domesticándome…

Un tigre en la ciudad, Alejandro Martínez

Hay un Lobo suelto. Cuidado: de día podría ser cualquiera: el chico de la mesa de al lado en el trabajo, o el de la parada de autobús. El que se ha sentado en la mesa de la parte de atrás del bar, o el que se deja ver desde la ventana en el piso de enfrente.

Tan normal con la luz del sol… aunque siempre tiene cuidado y se queda a la sombra. Está hecho de sombras. Nunca se sabe exactamente qué es: un millón de preguntas no servirían para descifrarlo. Aguarda en la oscuridad del día a que llegue la oscuridad de la noche. La luna llena. Y se transforma.

Parece el mismo, pero no lo es. Ha llegado el Lobo con el disco de plata sobre el cielo nocturno. Más rápido, certero. Mucho más de lo habitual. Los dientes largos, el pelo erizado. No calcula sus movimientos, porque ya tienen precisión animal. Él que siempre calcula. Se vuelve Lobo y deja de hacerlo. No lo necesita.

Corre por los callejones de su ciudad, que no es su ciudad, es Babel, son todos los lugares en uno mismo. Busca amigas, presas, gacelas que separar del grupo. Ya sé que los lobos no viven donde las gacelas. Pero él las encuentra.

La voz sedosa, el entendimiento cambiado, animal, primario. Sólo falta un minuto para que amanezca y sigue buscando flores de fuego y coronas de hielo.

Pobre de la que se encuentre con el Lobo. Y pobre de la que no se lo encuentre.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Da gusto dejarse embriagar por tu prosa, no podía dejar de contestar. Casi puedo escuchar tu voz sonando aún como una melodía. Me pierdo.
A veces cuando miro la luna me dejo atrapar por la noche argéntea y me zambullo en la oscuridad de pensamientos aciagos. Otras, me llena el alma, rebosante de ganas de vivir y de compartir, una vez más, lágrimas en la lluvia.
Gracias por el post. : )