23 diciembre, 2006

Julio Hernández o el realismo maravilloso

Hay un mundo en el que lo real y lo mágico están indisolublemente unidos. Una vez que se conoce, su belleza es tal que no es posible dejarlo de lado. La mezcla de los atardeceres en el Caribe y las noches de Lavapiés como una especie de reinterpretación de las obras de Alejo Carpentier, Gabriel García Márquez o Laura Esquivel. Cualquier cosa es posible: hablar con los que ya no están, comportarse con instinto animal o dar una mágica vuelta de tuerca a las monotonías de la existencia.

Ese mundo, paralelo y kikeliano, tiene una banda sonora que entremezcla lo humano y lo divino, lo cálido y lo fragante con el ritmo interior de un barrio como Lavapiés. La música de Julio Hernández.

Lady K y yo acudimos ayer al Café Barbieri, en pleno corazón de Lavapiés, a ver el concierto de este cantautor cubano. Henar estaba en su tierra de hadas, así que Victoria cuidó de nosotros, y lo hizo muy bien, rodeada por sus propias fotografías. Por primera vez nos dieron una entrada para acceder a la tertulia del Café, que gracias a la gente que lo gestiona con tanto cariño se está convirtiendo en una prolongación del salón de casa. Ese pedacito de papel simbolizaba mucho para mí, porque yo escuché la música de Julio Hernández aquel mítico día en el que estaba triste, sola y recién suspensa y terminé siendo el público más minoritario de la historia del Café (ver post El Barbieri y su gente... si hubiera más personas así, nadie tomaría Prozac). Aquel día Julio estrenaba guitarra y yo estrenaba verano.

Julio Hernández nació en La Habana, pero aterrizó en la calle Ave María. Le gusta su barrio, está orgulloso de formar parte del mosaico de esa zona de Madrid. Y eso que pudo haber llegado, por ejemplo, a Arturo Soria. De hecho, casi lo hace por amor. Y así comenzó su concierto, con una bellísima canción dedicada a Vanessa, que además estaba sentada en nuestra mesa. Una simple mirada a su cara justificaba el camino de Arturo Soria a Lavapiés.

¿Qué puede decirse cuando todas las canciones retratan tu estado de ánimo, y no porque hayan sido escritas para ti? Supongo que eso se llama magia, y ocurrió ayer. Porque la música de Julio Hernández es un manual de vida capaz de ponerlo todo en una nueva perspectiva. Sus historias son pequeñas y grandes, pero siempre mágicas. Verdaderas y paralelamente reales.

Como su canción “prestada” de Pedro Herrero, en la que explica cómo a veces hay que decidir hacerse un poco la víctima. O la que dedica a su abuela, que le enseñó a mover el abanico como nadie, con una letanía en la que cantábamos suavemente eso de “no me digas que no”. Y el nuevo acento cubano de Lady K mientras suena Mi corazón se ha cerrao:
Si canto por no llorar
Si canto por no llorar
No es porque sea de hielo
Es porque mi corazón no puede hablar…
[...]
La vida siempre da un chance en la esquina del fracaso…

Eso es realismo maravilloso. Magia pura. Comer un mes en Cuba con nueve dólares y llorar de emoción. Que es lo que Julio Hernández consiguió ayer conmigo y tuvo mérito. Dentro de poco estará presentando su nuevo disco Urubano, y allí estaré yo. Por las noches de verano, la emoción y el calor.

Cantando a gritos mis dos canciones favoritas.

Esa frase admonitoria, a modo de advertencia amorosa: “Tú me dirás que sí”.

Y la gran Con qué:
Me acerco hacia ti sin miedo
Pero te cambias de pista
Debe ser porque tu abuelo
Trabajaba de escapista…


De hecho, la he estado cantando todo el día…


CULTURA (así, con mayúsculas)… eso es lo que dice Julio que hacemos cada uno de nosotros. Una canción, un blog, una fotografía… Pues este pedacito de cultura es para toda la gente del Café Barbieri… Besos…

Las reinas del YouTube… Julio, haremos un video-clip con una nueva coreografía… de ahí, directos a los 40 Principales y al Billboard…

3 comentarios:

Julio A. dijo...

Hola Kika:

Soy Julio. Eres mucho más que un sol. :-)
...Gracias.

Kika... dijo...

Gracias a ti, Julio...
Besos

Kika

henar dijo...

El día menos pensado me enamoro de vosotras dos...

Besos desde el paraíso,

Henar