16 diciembre, 2006

He perdido los zapatos (otra vez)

Para el soltero de oro con todo mi cariño… pero no te emociones, que me dijiste que podía publicarlo…


No sé cómo decirte
Que he perdido los zapatos otra vez
Que he roto la copa
De tus sueños bonitos conmigo…

No sé cómo decirte, Nena Daconte


Esta es la historia de unos zapatos. Una historia pequeña, pegada a la tierra.

Los zapatos van cerca del suelo y por eso muchos creen que no tienen importancia. Pero nos protegen del frío, de las piedras del camino. Los ha habido que se han enamorado de unos zapatos de tacón, sin importarles lo que había por encima.

Me compré ese par de zapatos por contagio. Me contagié de tu alegría, de tu ilusión, de tu proyecto compartido. La vida en standby de los opositores tenía en ti un pulso diferente, quizá un pulso tradicional, que se desgranaba lentamente en las noches de Sevilla.

Me empapé de algo en lo que no sé si creo. Pero creí en ello por ti. Y me compré los zapatos. Unos muy especiales. No podría estrenarlos antes de la boda, esa suela perdería el color dorado si los utilizaba.

Me gustan mucho los zapatos, especialmente los de tacón, aunque cada vez los llevo menos. Estos tienen vida propia, brillan dentro de la caja. No me los he puesto. Están nuevos.

Los zapatos no acusan las decepciones. Ni la tristeza, y eso que la destilabas a chorros cuando me contaste que no tendría ocasión de estrenarlos. Que después de casi diez años ella se había marchado.

Te dejó descalzo, mirando al horizonte, sin creer en nada. Recogiendo pedazos de vida, de tu vida. Recuperando amigos, tiempo perdido. Guardando un duelo que ya ha durado demasiado.

No te preocupes, que guardo los zapatos. Sin estrenar. Aunque a tu boda iría descalza.

Y sé que ocurrirá. Palabra de hada.

No volverás a perder los zapatos. Porque yo todavía tengo los míos.

2 comentarios:

vega dijo...

al final no he podido hacer el "encaje de bolillos" y me perderé el recital de esta noche. ya me contarás que tal y nos vemos un día de esta semana que no me quiero llevar tu disco de vacaciones. besos!

Anónimo dijo...

¡Muchísimas gracias por tu post Kika! Verdaderamente no he podido evitar emocionarme al leerlo. La vida puede cambiar radicalmente sin apenas darnos cuenta y lo que siempre hemos sentido como seguro estallar en mil pedazos y encontrarnos en un mundo (o una realidad) completamente diferente. Afortunadamente esto ha servido para darme cuenta que hay gente a mi alrededor por los que merece la pena seguir viviendo con ilusión. Y tú, Kika, sabes que eres una de ellas. No cambies nunca mi madrileña.

Antonio