15 diciembre, 2006

Escarmentar en cabeza ajena

Dicen las abuelas que no se escarmienta en cabeza ajena. Que por muy malo que sea lo que le pasa a otra persona, es muy complicado que nos demos cuenta de su verdadera gravedad y cambiemos nuestra conducta. Creo que no es verdad.

No es sólo que lo crea. Lo afirmo rotundamente.

Tengo dos amigas. Las llamaré, por orden de aparición en este relato, la primera y la segunda. Son dos personas fuera de lo común y no se conocían entre ellas. Pero un día fui a la sierra a visitar a la primera. Y le dije a la segunda que se viniera conmigo. El motivo de que me acompañara, no lo recuerdo. Pero ayer mismo me decía que esa tarde en San Lorenzo de El Escorial cambió su vida.

Conocí a la primera y ya salía con él. Eran la típica pareja extraña, en la que algo chirriaba pero no lo hacía para bien. Muchas veces las parejas son interesantes por sus diferencias. Esta era, simplemente, rara. Siempre tengo reacciones instintivas ante la gente. Y trato de controlarlas porque a veces me equivoco. Pero sé ahora que con él no me equivoqué.

No me gustaba, pero no me preocupaba demasiado porque no era mi novio. Yo no llevaba cinco años con él. Pero un día la primera me contó cómo lo había conocido, la situación en la que se encontraba en aquel tiempo. Cómo él le prometió que no volvería a consumir nada de lo que tomaba (el cóctel causaba pavor), y cómo ella se preocupó por él hasta perder horas de sueño para que pudiera aspirar a una vida normal. Lloró por él y le cuidó. Cada minuto. No volverá a pasar. Seremos felices.

No censuro lo que cada uno hace con su cuerpo. Pero sí que odio las mentiras. Mucho.

Así que él vivió cinco años con ella, y la primera no oía los chirridos que producía verlos juntos. Es el amor, pensábamos todos. Hasta que un día, en una fiesta de cumpleaños, yo vi lo que no tenía que haber visto. Porque eso ya no ocurría. Lo que era imposible, supuestamente. Pero me callé. No me atreví a decirle a mi amiga que por estar en el sitio equivocado, por mirarle a él con ojos de hada, me había dado cuenta de que todo era mentira.

No tuve coraje, es cierto. Y al final, ella terminó por darse cuenta. De cómo él le había mentido en casi todo. Su trabajo no era el que dijo. Ni tampoco lo que había estudiado. Ni lo que le decía que hacía los viernes por la mañana, o los jueves por la tarde.

La primera vio que había vivido cinco años con un auténtico desconocido. Con el que había hecho planes. Y ahora la primera no lo conocía, y ella misma se miraba en el espejo y no se reconocía.

Fue valiente. Lo llevó a Proyecto Hombre y secó sus lágrimas mientras se enfrentaba a todo. A él, a su familia, pero sobre todo, al engaño. A la mentira.

Y, al final… lo que son las cosas. Él fue el que la dejó. Paradoja u orden cósmico, no lo sé. Pero el daño en el alma de la primera fue casi irreparable.

Aquella tarde en su casa, nos lo contó todo. No pude decir que se lo dije porque no había tenido el coraje de decírselo.

Pero la segunda había conocido a un chico. Y la historia se parecía demasiado.

Quizá sólo escarmentamos en cabeza ajena cuando las historias nos tocan muy dentro. O cuando nos las cuentan de una manera en la que es imposible rechazar esa realidad. O cuando las realidades paralelas convergen. No lo sé.

Ayer me lo encontré. Al ex-novio de la primera. No hablamos. Hicimos que no nos habíamos visto nunca. Y me habría gustado darle un toque con la varita para que hubiera sentido por un minuto el dolor de mi amiga.

Pero eso habría sido una pérdida de magia.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Sólo un comentario: desde lo más profundo de mi alma ruego que si a alguien le pasa una situación parecida, reúna toda el coraje del mundo y se lo diga a las personas implicadas. Es la única forma.

Lobo.

Kika... dijo...

Ya lo sé, probablemente hice mal en no contárselo a mi amiga en ese momento, pero Lobo, ponte en mi pellejo por un minuto.
Besos.

perezreverte dijo...

Me suena esa historia, aunque afortunadamente no tan fuerte, pero si que él se metía y yo estaba en la posición de tu amiga y también me dejó él y lo pasé fatal y suplicaba que se me concediese que él volviese conmigo y ahora me alegro de que eso no sucediese. Me gusta tu espacio. Suerte.