14 diciembre, 2006

Cosas del amor que no entiendo… por mucho tiempo que pase (II): La teoría del banquillo

Este post viene de mi antiguo blog, corregido y mejorado, porque todos me han dicho que no puedo hacer una serie sobre el amor sin hablar del banquillo…

Tengo en primer lugar que reconocer que esta teoría no es mía, ya que su desarrollo teórico corresponde al Ángel Oculto (para que luego digan que salimos de Humanidades sin tener ni idea de nada), pero como es una teoría de aplicación casi universal, he decidido ponerla en esta serie de consejos. Por cierto, no hace falta ser un especialista en fútbol o deporte en general. De hecho, yo no lo soy (los futboleros tendrán que perdonar mis imprecisiones). Allá vamos.

Supongamos un entrenador de un equipo de fútbol que tiene a Beckham y a McManaman. Bueno, el entrenador decide que Beckham juegue todo el tiempo, es su jugador estrella, el favorito. Y mientras tanto, ¿qué hace el pobre McManaman? Pues chupar banquillo. Os preguntaréis porqué no se va a otro equipo donde pueda jugar como titular y dejar así esa situación laboral que tiene realmente un futuro muy corto y bastante negro. Pues no se va porque el entrenador es muy listo. Necesita tener un banquillo de reserva por si las cosas van mal y alguien paga la cláusula de rescisión de Beckham y se lo lleva a otro equipo. Por eso le da a McManaman falsas esperanzas, le asegura que va a jugar, lo trata más o menos bien, en definitiva lo mantiene un poco engañado para que no se largue a otro equipo. A eso se le llama ser un entrenador con talento.

¿Pero qué pasa si tú eres el pobre McManaman? ¿Y si un tío, o tía, te mantiene en su banquillo particular a base de no darte nunca calabazas, pero a la vez parece incapaz de ir contigo a algún sitio que no sea al cine o algo similar? Y tú, venga a chupar banquillo, sin jugar de titular con la persona que te gusta. Al mismo tiempo, mantienes la esperanza de jugar algún día en el primer equipo.

Esta situación es mucho más común de lo que puede pensarse. Muy habitual. Y yo voto por la absoluta destrucción de los banquillos. Pero ya sé que esto es mucho más fácil decirlo que hacerlo.

Los damnificados por los banquillos deberían asociarse. Los entrenadores se iban a enterar.


Por cierto… he puesto a McManaman porque me gustaba mucho… cada una tiene sus vicios…

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Apoyo completamente tu propuesta Kika. Si todos los que calentamos banquillo nos levantáramos definitivamente otro gallo nos cantaría. Pero en fin, así son los sentimientos...

Antonio (soy yo, aunque publique el comentario como anónimo. Es que he olvidado mi clave :-( )

hidden_angel dijo...

Huy, la teoría del banquillo. Hacía tiempo que no la recordaba. Y eso que sigo siendo banquillera habitual. (se puede decir eso?) Pero es que una tiene sus pequeñas costumbres. A mi favor, he de decir que, tras el tanteo de otros equipos, por ahora prefiero una temporada en plan cómodo. Así que, más vale banquillo conocido que liga por conocer.
Eso sí, el día que me ponga... mando a la mierda al banquillo, al entrenador y que se vista él de corto. Que no veas el frío que se pasa por querer ir mona.
Besinos