11 diciembre, 2006

Cosas del amor que no entiendo… por mucho tiempo que pase (I): La crisis de atrezzo

No empiezo siempre a vestirme igual
Depende con quién esté
Y si se trata de desnudar
Pregunto a la Luna
Si me esperará para provocar
El eclipse de cada noche en tu portal…
Piel a tiras
, Carlos Chaouen


Lady K se ha inventado aplicar la palabra “atrezzo” a todo lo que rodea a arreglarse para salir: ropa, zapatos, maquillaje, pelo, bolso… y hasta los animales de compañía. En la vida normal, es decir, de día, para trabajar, estudiar o lo que sea… el atrezzo no existe, porque el concepto exige la teatralidad de la noche, salir, pasarlo bien…

Normalmente, escoger el atrezzo no tiene dificultad alguna. Te pones lo que quieres y ya está. Te maquillas como un piel roja o no te pintas en absoluto. Llevas bolso o te guardas las llaves en el bolsillo. Vamos, que el atrezzo en el fondo da igual… hasta que se produce una crisis.

La crisis de atrezzo va mucho más allá que la mítica frase de “no tengo nada que ponerme”. Es mucho peor. Porque cuando se produce una crisis de este tipo los mecanismos racionales se paralizan. No se puede pensar con claridad. Sólo mirar al armario lleno hasta los topes sin encontrar nada.

Lady K y yo hemos descubierto que las crisis de atrezzo se pueden producir por una variedad considerable de motivos. Pero uno de ellos es acudir a una cita. Todo son dudas. No me voy a poner los tacones que entonces soy muy alta (a las que son más bajitas les ocurre lo contrario: se ven obligadas a ponerse tacones y llevar los pies al jerez toda la noche). Si me pongo minifalda se me hielan las piernas. Estos pendientes pesan mucho pero quedan muy bonitos. He adelgazado (o he engordado) y todo me queda fatal…

Y, sin duda, la peor frase. Esto no queda conjuntado. Porque lo de conjuntar las cosas tiene mucha miga: una vez que te decides, empiezas a vestirte. Cuando llegas al final y parece que todo lo tienes decidido… entonces te pones el jersey y ves con horror que no te pega nada. Hay dos opciones. Si se aspira a la perfección, entonces hay que volver a empezar: desde las medias hasta el final. En mi caso, me da igual que no conjunte. Porque lo que no me pega normalmente es alguna chaqueta o algo por el estilo, pero como siempre tengo frío… ande yo caliente y ríase la gente.

En caso de crisis de atrezzo, es necesario contar con algún asesor de imagen que te pueda ayudar a salir del bloqueo del armario lleno. En mi caso es Lady K, que se conoce toda mi ropa y siempre se le ocurre algún “modelito” (esta palabra la han usado para definir mi ropa este fin de semana, así que aquí se queda). Y es fundamental que la persona elegida lo haga con buena intención: yo tenía una amiga (ahora ex-amiga) que cuanto peor me quedaba algo, mejor me decía que me sentaba. Qué fuerte. Claro que me di cuenta de eso con el tiempo…

Menos mal que las crisis de atrezzo no son demasiado frecuentes. En mi caso, porque en casa estudio en chándal o en pijama (hala, al carajo todo mi glamour), y cuando voy a la biblioteca me pongo cómoda, que estoy muchas horas sentada y no es cuestión de que los pantalones me causen cortes de circulación. Si no fuera porque sé que me reconocen, pensaría que es imposible, con la coleta y mi clásica camisa india… La última crisis la recuerdo bien… porque fue el jueves pasado: tuve que llamar a Lady K desde el probador de Zara (al carajo todo el glamour otra vez, no, no compro en Chanel) para que me diera su experto consejo… En ese caso, la crisis me la causó el hecho de que hace por lo menos cinco meses que no salía de compras… y no podía decidirme… O a lo mejor es por otro motivo.

Al final de todo, he llegado a la conclusión de que, en caso de ligoteo, el atrezzo da bastante igual. O no. No lo sé (porque no soy tío, o mejor dicho no soy todos los tíos)… pero esto no me va a causar una crisis. Sinceramente.



En realidad... hoy iba a hablar de cuestiones de diplomacia barata, pero me he propuesto no poner posts deprimentes los lunes... al menos durante una temporada...

2 comentarios:

vega dijo...

jajajja. os compro lo de atrezzo. muy teatral. yo recuerdo una crisis de esas que tuve. fue el verano pasado: me había comprado un trozo de tela precioso en zara (yo nunca tuve "glamur"...) y lo quería estrenar justo esa noche. pero al ponérmelo en casa comprobé que no podía bailar, a riesgo de perder el trozo de tela... y yo salía precisamente a bailar... un desastre!! quedaba una hora para salir de casa y de pronto no se me ocurrían más opciones... ya no recuerdo lo que llevé esa noche. pero a él le gustó. y es de los que se fijan hasta en los pendientes (fijarse significa ser capaz de describirlos, no saber que llevas un par puesto y que te favorecen). un beso y hasta mañana!!

Anónimo dijo...

Me gusta el glamour hollywoodiense de la palabra atrezzo porque me hace pensar en Grace Kelly. No obstante, hoy en día en los tiempos hiphoperos y funkynianos que vivimos, está de moda, más que buscar atrezzo, el "tunearte" antes de salir. : )