02 diciembre, 2006

Cambia la piel

Estaba escuchando esta canción de Quique González (Justin y Britney)…

Hay demasiada sangre en el mundo
Para que tú la limpies
Hay demasiado sexo seguro
Hay demasiadas canciones de Britney Spears
Hay demasiados callejones oscuros
Y a veces sufro un exceso de información

Hay demasiados planes de futuro
Pero ninguna solución real
Que al menos, valga para este ratito

Hay demasiados tipos en este garito
Que quieren acostarse contigo
Hay demasiados aspirantes al título
De campeón del mundo…


y me ha salido esto…




Cuando empecé a opositar, mi preparadora (la de entonces, no la actual) me dijo que tenía un futuro prometedor por delante, pero que mi “carcasa” me iba a traer problemas. Que parecía más joven de lo que lo soy. Que parecía más tonta.

Es curioso, pero tardé un tiempo en comprender lo que me decía, pero ahora tengo que darle la razón. Al menos hasta cierto punto.

Es sorprendente cómo la apariencia externa puede llegar a dominar lo que pensamos de los demás. Y esto lo he podido investigar directamente, con un campo muestral limitado (yo), pero con conclusiones que puedo elevar a la categoría de generales, al menos en la realidad paralela de mi vida.

No sé si es común plantearse qué pasaría si cambiara nuestra cara, nuestro cuerpo o nuestra piel. Hasta esa conversación con mi preparadora, no había pensado en serio en algo así. Como mucho, me había planteado la típica disquisición de quién sería yo si hubiese nacido en otro sitio. Pero nunca me había preguntado acerca de mi aspecto. Lo tomaba como una variable exógena, de esas que ya te vienen dadas cuando planteas un problema de matemáticas. Tienes la cara que tienes. Y ya está.

Pues no. Lo he aprendido en carne propia. Cualquier cambio en nuestro aspecto – para mejor o para peor – modifica sustancialmente las reacciones de los demás hacia nosotros. Es mucho más difícil que cambie nuestra manera de ser que conseguir un cambio de aspecto.

Por eso soy una gran desconfiada de las apariencias. Engañan. Mucho. Y lo peor es que a veces nos dejamos engañar.

La cuestión no acaba aquí porque el otro día alguien llamó mi atención sobre un fenómeno parecido que tiene que ver con las profesiones. Un ejemplo. Lady K y yo conocemos a un chico en un bar. A dos chicos, para que no nos peleemos. Uno para cada una. Lady K le dice que estudia Ingeniería Aeronáutica y yo… que oposito a Notarías. Os aseguro que nos quedamos con las ganas de conocer más a los chicos, porque el común de los mortales (esta es una generalización, pero bastante aproximada) sale corriendo ante la posibilidad de ligar con nosotras. Es algo atávico, un microchip que algunos todavía tienen instalado. Sin embargo, si les decimos a los chicos que trabajamos de cajeras… todo solucionado. Casarnos con ellos… no nos casaremos (ni ganas), pero ligamos fijo. Nuestro agradecimiento desde aquí a las cajeras del mundo, que tan buenas noches nos han hecho pasar tomando prestada su profesión…

Y esta misma mañana, unos compañeros de academia me decían que las chicas “caían” (palabras textuales), con sólo decirles que van a ser diplomáticos…

Con todo y con ello, la desconfianza en las apariencias hay que tomarla como todo. En su justa medida. Que el aspecto de alguien no nos haga saltar a conclusiones precipitadas y casi siempre incorrectas. No tomar decisiones basadas únicamente en las apariencias y conocer a la gente siempre es buena idea.

Si no, que se lo digan a Marilyn Monroe, que llegó a poner un anuncio en el periódico buscando compañía… y nadie contestó. Si la hubieran visto…


Lady K… he cambiado la foto del perfil…

Ufff… qué dos días más deprimentes llevo… y es raro, porque la Luna estará llena el día 5… a ver qué pasa…

2 comentarios:

vega dijo...

jajajaja. A mi nunca me ha pasado eso. Debe ser que como nos cambiamos de nombre y somos unas actrices pésimas creen también que mentimos en nuestra profesión. De todas formas en los bares tienden más a: "¿que hace una chica como tú sola?", (no estoy sola, respondes) "digo sin un novio, yo si tuviese una mujer como tu no la dejaría sola ni un minuto" (quizá por eso no tienes una mujer como yo). Y cosas como esas... Cosas que por supuesto, repiten a todas las chicas del bar a lo largo de la noche... logrando así que todas nos sintamos taaaaan especiales!!
en fin, dejo ya de disertar (cuando nos veamos te cuento lo de ese dependiete de tienda de telefonía)

henar dijo...

Andaba fisgoteándote el blog y resulta que Victoria y yo estuvimos anoche hablando de eso, de las apariencias. Una amiga que trabajó en el Café, guapísima y que tenía a todo Lavapiés enamorado, decía que no le interesaban las personas que se acercaban a ella por su físico. Que el físico siempre está en proceso de caducidad, y que lo que ahora era belleza, mañana no lo sería...

Además, añadir, que lo más divertido del mundo cuando alguien intenta ligar contigo en un bar, es decir que eres médico forense y que vienes de trabajar mientras te miras las uñas... Puestos a tener profesiones raritas, esa es la mejor. Otro día os cuento a Lady K y a ti porqué nos echaron un día de "El perro de la parte de atrás del coche", que la historia va con mímica (dijimos que nos habíamos conocido en un curso de limpieza urbana del INEM y nos pusimos a hacer prácticas allí mismo...ligar no ligamos, pero nos reimos todo y más). Un beso, linduca,

Henar