13 noviembre, 2006

Gasolina en las venas

Por cada rugido del motor
Yo te aprieto más contra mi corazón
Hoy no, en la foto del radar
Tú y yo, dime si esto va a durar
Siempre, siempre, no le pongas freno […]
Nunca he distinguido el bien del mal
Me juego la vida y me da igual
Y a ti no te importa ir tan deprisa
Para que te abrace más…
Hoy no, David Broza

He descubierto lo que me puede llegar a cambiar el estado de ánimo la música que escucho mientras conduzco. Al volante, no tengo un estilo demasiado agresivo, ni me pongo nerviosa con demasiada facilidad. Me encanta observar a la gente en los atascos y tengo una relación de amor-odio con la velocidad, porque nunca he tenido un coche que corriera demasiado. Pero todavía recuerdo una mañana en Estocolmo cuando descubrí que adoro ir de copiloto mientras el coche vuela por la carretera.

Los lunes por la mañana tengo que levantarme más pronto de lo normal – más pronto aún – para acudir a mi obligación semanal con la clase de francés. Desde el cambio de hora, está un poco menos oscuro, pero las caras en el semáforo de Avenida de América siguen siendo de sueño, de aburrimiento y un poco de melancolía producida por el hecho de ser lunes. Normalmente, nada más.

Pero como en la canción… hoy no.

He descubierto que escuchar Adicto (me refiero a la canción en concreto, no al disco) de Paco Cifuentes mientras conduzco hace que me convierta en una especie de pantera al volante. Eso y que en el semáforo de María de Molina se me ha parado al lado un tío que me miraba (yo disimulaba un poco más porque llevaba gafas de sol, aunque todavía no hacía sol). Iba envuelto como si fuera un regalo en mi coche favorito: un Volkswagen escarabajo descapotable, no el modelo moderno, sino el clásico. Creo que era concretamente de color crema, rematriculado y muy cuidado, por lo que supongo que es uno de esos a los que les hacen todo tipo de reformas para que esté como nuevos. Total, que miré el coche de mis sueños, y cuando se abrió el semáforo… comprendí.

Ya, ya lo sé. Nunca hay que picarse al volante. No hay que responder a las provocaciones. Está prohibido echar carreras. Pero es que no hubo provocación. O la provocación fue que sonara Adicto. Sólo se me cruzó por detrás para aparecer por mi izquierda, volvió a mirarme, me bajé las gafas, me las volví a colocar y salimos quemando rueda, cruzando por Serrano, a toda velocidad sobre el puente de Eduardo Dato. Su coche corría más pero era menos ágil. Los acelerones y los cruces han durado unos minutos hasta que yo he girado por San Bernardo, él seguía recto por Alberto Aguilera. Todo antes de que terminara la canción. Un saludo y adiós.

He aparcado en una esquina. Ya que KikaMala conducía, que aparcase también.

El preparador me ha dicho que hoy he llegado más pronto de lo normal. Si él supiera…

Prometo no volver a escuchar Adicto en el coche. Y respetar el Código de Circulación. No dejar que KikaMala vuelva a conducir. Y prometo volver a ser responsable. Pero es que hoy es lunes. Y no cualquier lunes, sino uno que ha venido después de una tarde de domingo de esas en las que se piensa. Con charcos en las venas.

Esta mañana los charcos seguían estando. Al menos, durante unos minutos han sido de gasolina.


Qué cosa más rara… que la banda sonora de este post sean David Broza y Paco Cifuentes…

Y me han recordado… uno de los piropos de mi colección…

1 comentario:

vega dijo...

oye q se me había pasado. increíble esa canción de broza. "conduces tu yo voy detrás..." ese ya es un gran principio para un interesante viaje en moto... hace mucho que no la escuchaba. me la voy a poner ahora mismo!