16 noviembre, 2006

Fenómenos paranormales

Todo empezó cuando fui a aparcar el coche y de pronto se encendió una lucecita amarilla en el cuadro de mandos. Tenía mala pinta, así que miré en el manual del propietario, donde aclaraba que se trataba del “testigo de fallo mecánico, el coche puede seguir circulando pero debe llevarse a un taller autorizado inmediatamente”.

Soy un hada, y no un ángel de esos que puede aparecer donde quiera. Por lo tanto, necesito un medio de transporte terrenal.

A primera hora de la mañana, al taller. Desafiando el orden establecido, porque los talleres son como los médicos. Hay que pedir hora. Pero ¿no hay médicos de urgencias? Pues yo necesitaba un taller de urgencias.

Lo que hice fue emplear mis habilidades de psicología (barata) para ver si le echaban un vistazo al coche. No entré con él en el taller, sino que lo dejé en la calle de al lado, y le dije a la recepcionista: “Mire, se me ha encendido una luz amarilla, estoy muy preocupada, pero ni he metido el coche en el taller, así que si me dice que no puede ser, me lo llevo de vuelta a casa. Lo traeré cuando usted me diga”. Perfecto, porque me dijo que por favor lo entrara, y que al menos me mirarían qué tenía.

Pues no tenía nada. O al menos, nada grave. Por lo visto es un cable defectuoso de todos los Picantos. Que podía seguir circulando sin peligro. Y me han dado hora para cambiarlo.

Pero la rebelión de las máquinas me tenía aún reservado un último acto. El más escalofriante…

En la casa encantada
Donde vive Paloma
Vuelan los libros,
Andan las coca-colas…
Solas…

Poltergueist, Miguel Dantart

Subía a casa en el ascensor, cuando al llegar a mi piso, he oído una voz lastimera, como venida del más allá, que decía:
- Kiiiiika, ¿eres tú?

Me quedé totalmente paralizada. Por fin los espíritus venían a hablarme. O quizá se trataba de un cruce de conversaciones telefónicas con Kikel. Así que he contestado, con esa voz que se reserva para el tablero de ouija, mientras en mi cabeza sonaba Tubular Bells:
- Sssííííí, soooooy yooooo…
- Que soy tu hermana… ¡y estoy encerrada en el ascensor!

Evidentemente, la conversación ha continuado por otros derroteros:
- ¿Le has dado al botón de las emergencias?
- Ay, no, le voy a dar.

Total, que habló con la empresa de los ascensores y le dijeron que iba a venir un técnico. Que si necesitaba alguien con quien hablar. Como estaba yo, pues no era necesario. Y que se tranquilizara (mi hermana le había dicho previamente a la teleoperadora que si no se daban prisa, en lugar de al técnico iban a tener que llamar al Samur). He estado media hora hablando con una puerta de metal, mientras a mi hermana le daba calor, luego frío y finalmente terror de que la cabina pudiera caerse con ella dentro.

El desenlace ha llegado con el técnico de los ascensores, que ha dicho que es imposible que el ascensor se caiga con una persona dentro. Por si a alguien más le da miedo.

1 comentario:

hidden_angel dijo...

Lo mismo eso de ser un hada provoca alteraciones energéticas a tu alrededor. Entre lo del coche y lo de tu hermana has tenido un día de lo más entretenido no?? Espero que al menos no se te ocurra ir a Cuarto Milenio porque ese programa me da mucho miedo.
A ver si el fin de semana se presenta más tranquilito.
Besinos