26 noviembre, 2006

Daños morales

Ayer hice un regalo. Más bien lo hicimos Lady K y yo porque fuimos a un cumpleaños. Creo que al destinatario le gustó, aunque quizá sea pronto para decirlo.

Me encanta regalar y que me regalen. O eso creía.

Ahora me cuestiono la segunda parte.

Ayer me hicieron un regalo. Era bonito, seguro que al comprador le había costado un dinero. Me gustó, pero no me gustó. ¿Deben aceptarse todos los regalos?

Los que nos dan las personas a las que no queremos. O las personas a las que nos cuesta querer. Las que dudamos que queremos. Los regalos que vienen con condiciones. Especialmente los que vienen con condiciones.

Son regalos envenenados.

No creo en eso de que todas las personas tienen un precio. Hay algunas que no se venden por nada. Sobre todo no se venden por cantidades retorcidas que tratan de cambiar su manera de sentir las cosas. Yo, de momento, y creo que para siempre, estoy en esa categoría. He dado sobradas muestras.

Por eso me he estado pensando si quería devolver el regalo. Si tenía que devolverlo. O tirarlo a la basura. Mis sentimientos eran contradictorios, porque creo que devolver un regalo es una de las cosas más duras que se pueden hacer. Pero, por otro lado, cada vez que usas lo que te han dado, te acuerdas de la persona que te lo dio. Y yo, sinceramente, no quiero recuerdos ni condiciones. Se supone que los regalos deben hacerte sentir especial. Yo no me sentía especial. Me sentía mal.

Al final, he decidido quedármelo.

Como indemnización.

Por los daños morales.


Mi regalo favorito… me lo han hecho esta semana. Y lo mejor es que no sé si sabes que has sido tú…

1 comentario:

hidden_angel dijo...

Lo de los regalos es siempre complicado. Tengo la teoría de que hay regalos que se pueden devolver o que se pueden cambiar y que si no lo haces está mal porque cuando los uses te sentirás mal y no está bien que hagas las cosas por compromiso.
Pienso que los únicos regalos que no se deben devolver son aquellos que no valen nada, excepto lo que tú le quieras hacer valer. Aquellas cosas que se regalan de una forma simbólica porque dentro de ellos no cuenta el regalo sino la intención.
Ya me contarás a ver qué es lo que ha caido esta semana.
Besinos