06 octubre, 2006

Vuelta al cole (primera parte)

- Kikita, ¿puedes venir a cenar con nosotros otra vez mañana? Y pásame el lápiz verde…
- No, Luli, es que mañana voy a un concierto de Miguel… y esas ces parecen oes…
- ¿De Miguel el que me gusta o de otro Miguel?
- Del que te gusta, Lu.
- ¿Es en el mismo sitio que la última vez? ¿Puedo ir yo? Ya he borrado las letras que estaban mal…
- No, Luli, no puedes ir esta vez, porque no es en el mismo sitio. Anda, pon tu nombre en la ficha…
- ¿Y ya sabes qué canciones va a cantar? Kikita, vamos a poner su disco un poco. Mira, lo tengo firmado…
- Ya, yo lo veo…
- Dile mañana que le mando un beso…

Si puedo, voy una vez a la semana a ver a mis sobris, y el miércoles se produjo esta conversación entre Luli y yo. Estas preguntas de amplio calado informativo – todos los niños llevan un periodista de investigación dentro – me las estaba haciendo mientras me daba de comer galletas mordisqueadas y trataba de escribir muchas veces la letra ce con letra junta, que es una cosa muy complicada. Yo trataba de decirle que son como las olas del mar, pero el lápiz se le resbalaba y terminaba por escribir alguna ele, que es su letra favorita.

Si alguien se está planteando ser el o la mayor fan de Miguel Dantart sobre la faz de la tierra… que abandone. Porque nunca llegará a más que a “número dos”, y hay mucha gente que con ese puesto no se conforma. La número uno es mi ahijada. Tiene seis años, y de ahí que me haya llegado a preguntar que cuántas veces tocan “Mundo alborotado” en cada concierto.

Así que ahora, cada vez que voy a un concierto de Miguel Dantart, no dejo de acordarme de Luli y de sus cosas, pero también de las cosas curiosas que pasan siempre cuando él va a cantar. Fue en un concierto de Miguel donde conocí a Vega e Isabel, fue a un concierto de Miguel al primero al que la Dra. Marta vino conmigo y Lady K encontró a su Lord K gracias a una canción de Miguel que pidió en el sitio equivocado (aunque eso sí que es otra historia)… Así que siempre me pilla de sorpresa lo que ocurre. No sé si es que a su alrededor hay una gran proliferación de hadas o si son las propias cosas pequeñas de la vida las que producen una especie de efecto mariposa, un verdadero torbellino mágico que sólo se ve si se sabe a dónde mirar.

Ya lo decía Virginia Woolf:
No demos por sentado que la vida existe de manera más perfecta en lo que se considera grande que en lo pequeño.

El miércoles hacía los deberes con Luli y hoy empiezo el nuevo colegio, por llamarlo de algún modo. Por eso este post tendrá dos partes. Pero creo que promete.

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