24 octubre, 2006

Un saxo en la niebla

Mi sobri Tato me hace una petición muchas veces. “Cuéntame cosas de cuando era bebé”. Y mi madre me dice que tengo que escribirlas en alguna parte. Aunque ninguno de los dos me lee, va por ellos.

Cuando nació Tato, la aritmética de las edades hizo que yo ya fuera mayorcita – tenía 19 años – y que fuera el primer bebé en mi familia desde hacía una pila de tiempo. El nacimiento de Luli lo tengo mucho más confuso, pero de Tato me acuerdo hasta del momento en que mi tito nos dijo que mi tita estaba embarazada. Recuerdo perfectamente que nació de noche, un día que llovía, una lluvia de noviembre de esa helada que cala hasta los huesos. También recuerdo la carrera que me pegué para ser la primera en verlo a la mañana siguiente: adelanté a las abuelas haciendo un quiebro por la calle mientras corría a toda velocidad. No era tan precioso como lo es ahora. Sólo era pequeño, estaba calentito, y tenía las mismas manos. Exactamente las mismas. La misma forma de los dedos, y unas uñas larguísimas que no podíamos cortarle. Por eso fue el primer bebé con manoplas que vi en mi vida. Era el primero que podía observar con detenimiento. Me daba miedo hasta tocarlo. Y según su propia madre, hubo fascinación mutua.

Recuerdo que lo dormí un millón de veces en el carrito. Adelante. Atrás. Una, dos, tres, mil… mientras que le cantaba “Un lugar en tu almohada”, de Jorge Drexler. Como terminaba cantándosela varios centenares de veces, variaba el repertorio con el disco completo.

Lo mejor era llevarlo a pasear. Nunca me dejaban conducir el carrito sola. Los padres primerizos, ya se sabe… Pero en cuanto comenzó a hablar, gritaba para que yo le llevara: “¡Kiiiiiika soooooooola!”. Y me tenían que dejar. Porque ante el estupor de las abuelas, Kika fue la tercera palabra que dijo Tato. Después de “mamá” y “papá”.

Lo bautizaron mayorcito, junto a Luli. En plena ceremonia, quiso venir a sentarse conmigo. Y yo me sentía culpable pensando que era la madrina de su hermana, pero que al que cogía en brazos era a él.

Tenemos mucho en común. La lista es interminable, pero aquí va una muestra.
- Los dos somos adictos a jugar al FIFA Football de la Play (yo no tengo Play, así que voy a su casa).
- Nos mola el scalextric (se cabrea cuando le gano).
- Ahora mismo, somos los únicos de la familia que tocamos un instrumento musical.
- Los dos corremos por la playa en Almería como posesos.
- A los dos nos flipan Billy Joel (en serio, tendríais que vernos cantando “Roberta”, yo en inglés y él en algo que podría ser swahili) y Kiko Veneno (lo de los pollos europeos...).
- La silla que Tato usa ahora para estudiar es la misma en la que yo estudié los dos primeros años de oposición. No veáis su cara cuando se la regalé.
- Tato duerme en la misma cama – cuando digo la misma cama, digo el mismo mueble exactamente – en la que yo dormí hasta que cambié mi habitación (en la litera de arriba, para eso es mayor).
- Cuando me ve por la calle, sale corriendo, gritando mi nombre mientras hago lo mismo y lo cojo en brazos. Él dice que se sube como un “monete”.
Y siempre me pregunta cuál es mi animal favorito. Yo le digo que los linces, las tortugas y sobre todo los monos. Él me contesta: ¿para qué quieres un mono si me tienes a mí?

Y lo más importante. Cambié de profesión por él. Eso no se hace por cualquiera. Una vez me vio llorar después de suspender la oposición y volvió a casa muy agobiado, diciendo que no quería estudiar más porque no quería hacer exámenes y suspenderlos, como Kika. Así que decidí que delante de él no lloraría más ni hablaría del examen. Cuando me preguntó que entonces qué haría, le dije que ya no quería ser diplomática. Que había cambiado de
profesión. Que soy cuentacuentos.

Bien pensado, en el fondo, es más o menos lo que hago...


Este post… no es más que el 1% de lo que es Tato. Tenías razón, Vega (as always). Se lo debía. Y habrá más.

Un saludo… para el que me encontró en el maremágnum cibernético con la ecuación de internet más rara que he visto en mi vida. Soy algo así como "Kika + carrera + diplomática + blog + tigres"... Menuda receta...

3 comentarios:

isabel dijo...

Es una pena que Tato no lea esto. Muy bonito(queda fatal pero no se me ocurre nada mejor).
Besitos.
P.D: Ah, y gracias por el "homenaje" de Suena en mi Cabeza

Lady K dijo...

Todavía me acuerdo de la primera vez que le vi y de esa pelea a la hora de la cena para que se tomara la tortilla.Y de los trucos para hacerle ver que uno no puede salir en chanclas de piscina a la calle.Ciertos cantautores podrían aplicarselo y no se pondrían en riesgo de electrocución... Es un cielo,niña.Tienes mucha suerte.

Kika... dijo...

Gracias, chicas. Todo ello sin contar que fue Tato precisamente el que me dio el título oficial de hada. Una vez quiso decir que yo era la madrina de Luli, pero se hizo un lío y dijo que yo era su "hada madrina"...
Lady K, ¿no te acuerdas de la vez que lo estábamos cuidando y decía que no se quería poner los zapatos? No somos Supernanny, somos más bien AntiSupernannys, pero nos lo pasamos fenomenal...