14 octubre, 2006

Róbame el alma

No tengo casa.
No tengo trabajo.
No tengo novio.
Mis amigos son incorruptibles.
Kikel no está en este mundo.

Entonces ¿qué me pueden robar? Pues la radio del coche.

Bajaba por la calle para ir a la academia cuando he visto que me habían reventado la ventanilla del coche. Había miles de cristalitos por el suelo. Fastidia el contratiempo, pero he pensado que dentro del coche no había nada que, así en principio, pudiera interesar robar. Los CDs son copiados, el chaleco reflectante lo tiene todo el mundo… casi lo que tiene más valor es el plano callejero que me regaló Lady K hace cuatro o cinco navidades, que ya ha sobrevivido a otro robo, por cierto. Pero cuando llegué a la altura del Picantorro (así se llama el vehículo en cuestión), se me cayó el alma a los pies. Me habían arrancado toda la zona central del salpicadero para llevarse la radio. El destrozo daba pena: y mi radio tampoco era buena. Era de marca desconocida, se desconfiguraba en cuanto la apagabas… era la típica que te regalan cuando compras el coche.

No nos hiperventilemos. Calma. Lo primero, hay que llamar para ver si pueden ponerme una luna nueva en la puerta. A ver, a ver… tengo que tener por aquí una tarjeta del taller de lunas… Y ahí ha empezado la odisea.

- Buenas tardes. Me han roto la luna del coche y quería saber si la tienen para instalármela ahora…
- Sí, dígame marca y modelo.
Se lo digo y el tipo me hace la pregunta del siglo:
- ¿Es incolora o verde? Porque si es incolora no la tengo, pero si es verde sí.
¿Cómo? Es que las lunas de los coches por lo visto pueden ser de colorines. A mí nunca me habían hecho esa pregunta. Así que le digo al tío que no tengo ni idea, y que me diga, si hace el favor, cómo cuernos se sabe si la luna es incolora o verde.
- Pues muy sencillo, señorita. – lo de “señorita” es un equivalente de “idiota” en el idioma del gremio de los talleres – Coja usted un cristalito, tenga cuidado y no se corte, póngalo en el hueco de la mano y mírelo al trasluz. ¿Tiene un brillo verde?
- Mire, yo no le veo ningún brillo verde.
Las negociaciones cristaleras llegan a un punto muerto.
- Es que me tiene usted que decir, señorita, si es incolora o verde…
Al final, he recordado que una vez me cambiaron una luna en ese taller, el tipo me ha buscado en el ordenador y me ha dicho que la luna era verde. Que fuera para allá.

Cuando he llegado al taller, me han dicho que tenía que ir a denunciar (como si no lo supiera, pero es que no tener cristal en la puerta del copiloto reduce un poco la operatividad del coche), y que me tranquilizara, que me iban a volver a colocar todo el frontal (estaba muy tranquila, sólo tenía ganas de matar a alguien).

Lo mejor ha sido cuando ha venido el mecánico a llevarse mi coche para ponerle la luna y le dice la frase del siglo al tipo de la recepción:
- Oye, Paco, que la luna es incolora y sólo tenemos verde…
- Que no, Manolo, que la otra vez le instalamos una verde…
Arrgggghhhh. Me los cargo. Que me pongan un puñetero cristal. Aunque sea rosa fucsia…

Mientras iba hacia la comisaría, he hecho la denuncia por teléfono. La verdad es que eso es cómodo. Pero claro, hay que ir a la policía a firmar los papeles. Eso ha sido la segunda parte que ha puesto a prueba mis capacidades diplomáticas. Odio ir a las comisarías (dice mi madre que es resistencia a la autoridad).

El caso es que llego y hablo primero con el policía de la puerta. Yo, muy maja y encantadora. Hasta con una sonrisita forzada.
- Hola, buenas tardes. He hecho una denuncia por teléfono y venía a recogerla y firmarla.
- Ah, sí. Usted es la que ha llamado sobre un robo en su casa.
- Pues no, yo no he llamado aquí. He llamado a “denuncias por teléfono”.
En ese momento se interrumpe la conversación porque entra otro policía que viene de la calle y, a gritos, empieza a decirle al que me estaba atendiendo “Hey, ¿has comido? Porque yo no he comido, macho, te he estado esperando, cagüendiez”. Se desencadena una interesantísima conversación para tratar de esclarecer (para eso son miembros investigadores de las Fuerzas de Seguridad del Estado) quién había comido, a qué hora, cómo y con quién. Creo que no tenía el más mínimo interés… porque eran las siete y veinte de la tarde. Mi frustración subía muchos enteros, sin contar que debía estar hecha un asco, porque siempre se dice que a las chicas monas las atienden antes en las comisarías y a mí no me estaban haciendo ni caso. Finalmente, vuelve a mí, me pide el DNI y me dice:
- Entonces ¿no es la que ha llamado sobre un robo en una casa?
- Que no… que he hecho la denuncia por teléfono.
Me mira con cara de “¿qué cuernos son las denuncias por teléfono?”, y sólo reacciona cuando le digo:
- Me han dado una referencia para recogerla.
- Ah… Pase y siéntese.
Enseguida me han llamado y he pasado a firmar la denuncia en la intimidad. Bueno, eso es un decir, porque me han sentado en una mesa mientras una chica denunciaba, llorando, otra cosa a mi lado, alguien venía a poner un fax… vamos, como el metro en hora punta. Finalmente, me leen la denuncia, estoy de acuerdo, la imprimen, firmo las seis copias y el policía me dice otra frase que quedará para la historia:
- ¿Pero usted ha venido a denunciar para esto?
No, claro, en realidad he venido a confesar. Es que maté a Kennedy y esto es sólo para entretenerle a usted… Se me había olvidado que en este país, si te roban es que eres un imbécil. Y nada de denunciar, que entonces directamente te humillan. Debe ser que ellos están muy ocupados resolviendo casos más importantes.
- Déme mi denuncia, que la necesito para el seguro.

Salí de la comisaría más quemada de lo que lo estaba.

Recogí el coche. Me lo habían dejado muy bien, todo colocadito, habían quitado la mayor parte de los pedacitos de cristal y me han dicho que sólo tengo que reclamar la radio al seguro. Estupendo. Ya estoy más tranquila. Jodida, pero más tranquila.

En cuanto he salido del taller, he estirado el dedo como acto reflejo para poner la radio. Pero no tenía radio. Hay que fastidiarse.

¿Cómo invoco yo a Chaouen ahora?

Así que me he reído de mis propias chorradas, y he ido hasta mi casa cantando a grito pelado (odio conducir en silencio), eso de…
Me junto con toda clase de delincuentes
A veces comen en frío y otras en caliente
Roban todos los días dos coches…
Uno por la mañana y otro por la noche…
Los delincuentes
, Kiko Veneno

2 comentarios:

Eduardo dijo...

Lo siento mucho, un coche sin música no es lo mismo, ¡¡vaya suerte que tienes con los robos!!
Pero mira, son como dices cosas materiales, las cosas más valiosas son difíciles de robar. Mañana me voy. Un Beso grande.

Kika... dijo...

¿Dónde te vas? ¿Al desierto? ¿A las ruinas de antiguas civilizaciones? ¿A un viaje por las estrellas, rozando la aurora boreal?
Traéme
A)un puñado de estrellas
B)una rosa del desierto
C)con que me traigas un beso me conformo (que no se pongan celosas tus miles de novias)...