27 octubre, 2006

Primer día

Tu forma de hablar
Tus ojos al mirar
Me hacen sentir un insecto
Insecto tan pequeño
Que cuando quieras me puedes pisar…

Insecto, Kiko Tovar

Hoy he salido a comprar una hamburguesa a la hora de comer. Me apetecía bastante, así que me he ido al burguer del barrio de al lado. En el mío no hay, somos aún un territorio sin colonizar.

La fila era eterna, y en la caja había una chica nueva, o por lo menos yo no la había visto nunca por allí. A su lado, el encargado, que lleva en ese restaurante desde hace un siglo.

Se notaba que era el primer día de la chica. El polo color naranja, inmaculado. La plaquita con el nombre, nuevecita. No tenía esa cara de hastío existencial que tienen normalmente las cajeras de los burguers, y que yo entiendo perfectamente desde que trabajé de azafata en una feria en la que mi único cometido era tratar de empapelar con folletos a todos los que pasaban por allí. La gente estaba de lo más tranquila, poniéndose de acuerdo, con caras de viernes, y creo que a nadie le importaba la velocidad con la que se movía la cola.

Según me fui acercando al mostrador, entendí lo que ocurría. Ella no tecleaba los pedidos a la velocidad que quería el encargado. Él no hacía más que corregir todo lo que hacía, añadiendo frasecitas como “¿es que no te enteras?”, que hacían que la situación fuera lastimosa y humillante. E innecesaria.

Cuando he tenido que pedir, le he dedicado a ella mi sonrisa más kikamágica y luminosa para tratar de compensar lo que estaba pasando. He comenzado a pedir, despacito y por su orden, y cuando he visto al encargado lanzado a corregir algo que ella había puesto, le he obsequiado con una mirada paralizadora al más puro estilo de KikaMala. Una mirada que habría dejado helada a las reinas de las miradas de mala, Bette Davis y Barbara Stanwyck. Se ha quedado clavado.

Se ha demostrado que ella era capaz de tomar el pedido perfectamente. Aunque fuera su primer día. Que no hacían falta los comentarios extra, sino tan sólo un poco de supervisión y paciencia.

Todos hemos tenido un primer día de trabajo. Uno de esos horrorosos en los que no sabes ni dónde está el baño, no conoces a nadie y el ordenador se te queda colgado. Y un jefe (o jefa, esto no tiene nada que ver con ser hombre o mujer) que ha olvidado demasiado pronto que él o ella tuvo un primer día de trabajo, aunque fuera en el Jurásico.

Me daban ganas de hacer el “baile del insecto”, en plan venganza. Esa canción sí que es pura terapia. Al menos, la he canturreado mientras esperaba que me dieran la comida.

Y la hamburguesa me ha sabido a gloria. O a victoria.


Mensaje para la Jefa… Estoy flipando con Suite francesa. De verdad. Es impresionante ese libro, gracias por prestármelo...

1 comentario:

Anónimo dijo...

Todos tenemos un primer dia o muchos primeros dias, ojala encontremos a personas tan fantasticas como Kika que nos lo faciliten.
besos
Reyes