03 octubre, 2006

Pongamos que hablo de Madrid

Madrid amanece
Con ruido, con humo
Y oscuros borrones
Flotando entre nubes
Madrid amanece
Entre sueños perdidos
Confusión y sorpresa
Latiendo en las venas
Y entre tinieblas de fiebre se abre paso la luz
Es como una resaca contagiosa y común
Que te vuelve a recordar
Qué solo estás, qué solo estás, qué solo estás
En medio de tanta gente
Qué solo estás…
Madrid Amanece, Hilario Camacho

Hasta que empecé a opositar, iba relativamente poco al centro. Lo que más hacía era ir a algunas tiendas o a pasar el rato de copas o de concierto. Pero no tenía obligaciones en la zona, por lo que no se puede decir que la “viviera”, sino más bien que la “visitaba”. Ahora tengo a todos mis preparadores en el centro, y por eso he tenido oportunidad de pasear deteniéndome en todo lo que veo, de descubrir sitios que no conocía, o de redescubrir otros lugares. Y también me han contado y he leído muchas leyendas de Madrid.

El domingo fui al Centro Cultural Conde Duque a ver una exposición de fotos que se llama “Mi movida madrileña”. Me gustó mucho, hay fotos preciosas y algunas son muy divertidas. Y paseando por la zona con mi madre – el Conde Duque está muy cerca de la casa de mi preparador de francés – le conté una historia de esa calle.

El 24 de enero de 1977 yo ni siquiera había nacido, pero mi madre se acuerda perfectamente. Tiempos convulsos, la Transición. Pero esos diez días de enero fueron casi los peores: dos estudiantes morían en manifestaciones y a las once menos cuarto de la noche del día 24 se produjo la matanza de los abogados laboralistas del bufete de la calle Atocha, 55. Hubo cinco muertos y otros cuatro heridos de gravedad, víctimas de la cobardía de quienes habían disparado sin parar. Supongo que trataban de matar a la incipiente libertad. Pero la libertad es como el agua a presión: es muy difícil de parar cuando empieza a fluir con fuerza.

El caso es que la policía apenas tenía pistas acerca de los asesinos. De hecho, sólo tenía dos. La primera, que el o los asesinos podían estar relacionados con el Sindicato Vertical, en la rama de transportes. Su sede estaba donde se encuentra en la actualidad la sede de CC.OO., en la plaza de Cristino Martos, muy cerca de la Plaza de España. La segunda pista era que todos los supervivientes coincidían en que uno de los asesinos “tenía los ojos azules como Paul Newman”. Era algo así como en la novela “Plenilunio”, donde había que buscar los ojos del asesino.

Con tan poca información, la policía estuvo vigilando la zona durante dos meses y medio sin resultados. Buscaron en todos los locales, hasta que en el Bar Denver, en la calle San Bernardino, 4, encontraron a alguien cuyos ojos eran como los del actor americano. Lo siguieron hasta que descubrieron a sus cómplices y desmontaron la trama.

El Bar Denver ha existido hasta hace más o menos un año. Ahora es un restaurante de comida india. La sede de CC.OO. sigue en el mismo sitio. No hay nada que recuerde lo importante que fue esa calle. Pero cuando terminé de contárselo a mi madre, me sugirió que lo escribiera en uno de mis cuadernos. Pero para que os acordéis también si pasáis por allí, os lo cuento a vosotros también.


La foto de arriba… es de la Torre de Madrid, en Plaza de España, desde la calle Conde Duque esquina San Bernardino…

Cosas que me alegran el día… Casi nunca voy al Starbucks (me temo que soy más de té que de café), pero hoy me he tomado una bebida de esas elegantes porque he llegado demasiado pronto a clase de francés. Y me ha gustado la carita sonriente que me han pintado en el vaso. Como no tenía la cámara, me lo he traído a casa para hacerle una foto…

Y sigo escuchando...

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