23 octubre, 2006

Lunes: felicidad insomne

Lunes. Casi de madrugada. Hace unas horas, en un concierto. Dentro de unos minutos, me tragará el centro de Madrid mientras llueve.

No es mi coche. Voy más rápido de lo normal. Qué bonito está todo. Está. Porque ahora mismo hay demasiada oscuridad y no sé si las cosas son bonitas. Pero lo están. Brilla el asfalto por la lluvia, refleja las luces de los coches. Blanco. Rojo. Naranja.

Intermitencia azul.

Momento de felicidad insomne. Porque yo soy feliz como duermen los insomnes. Mi cabeza sufre desconexiones de microsegundos de felicidad que impiden la muerte cerebral. Se puede morir de sueño. Creo que también de pena. Desconexión de felicidad. Espero que dure.

Piso la calle y diluvia. Necesito un café en Plaza de España. Tres senegaleses con su traje nacional esperan un taxi bajo la lluvia en la Gran Vía. Quizá sean de Malí. Tengo ganas de ponerme el vestido de batik. De ponerme el turbante africano. No me hace falta más que la lluvia mojándome el pelo: no puedo saltar los charcos porque voy a clase de francés.

Una rubia: yo. Movimiento aparente bajo la Torre de Madrid. Soy pequeña entre el cemento. Me desplazo a cámara lenta. Salto un charco, pasa un coche. Alguien silba. Felicidad insomne. Leo el periódico: perdió el Rayo, la tarifa eléctrica, el Circo del Sol busca gimnastas. Más de lo mismo en el Sahara Occidental.

Saco los deberes de francés. Leo, cometo errores, me río. Si no me sé las palabras, me las invento, no te preocupes, lo hago también en español. Mi preparador se ríe más. Nos reímos también de lo que he hecho bien. Menos mal que a las ocho y media de la mañana, en clase, se puede seguir siendo feliz de manera insomne. Conozco a los gemelos de mi preparador. Son pequeñitos, iguales, exhalan ese calor que sólo tienen los bebés. Me impresiona la belleza: no la de las caras de los niños, supongo que no es instinto maternal. Es la de sus manos. No sé qué tienen las manos de los bebés. Pero tienen algo. Una semana exacta: se llaman Teo y Samuel. Me dice mi preparador que se acordó de mí a la hora de ponerles el nombre: mi nombre es original, supongo. Tampoco tan original.

Lo del nombre hace que tenga un clic de memoria. Salto hacia atrás. A desvelar la parte de mi alma que representa mi nombre. No mi verdadero nombre, no por el que me llaman. El del carnet de identidad. El que no le cuento a cualquiera. No hago que me cuiden el bolso los chicos que me gustan. Que no te lo pida es buena señal.

Vuelvo al lunes. Llamada de teléfono y estalla en pedazos la felicidad insomne. Supongo que todos los días hay traiciones y deslealtades. Que a pesar de ello, el planeta sigue girando. Ni siquiera me ha ocurrido a mí. Pero está muy cerca y me deja un sabor de boca agridulce. Agridulce que se va transformando en agrio. En muy agrio. En repugnantemente agrio.

Pongo un CD cualquiera. Me es familiar. Orfeo Negro. Decido no cambiarlo. A felicidade. Y dice, (no creo que haga falta traducirlo)…
Tristeza não tem fim

Felicidade sim
A felicidade é como a pluma
Que o vento vai levando pelo ar
Voa tão leve
Mas tem a vida breve
Precisa que haja vento sem parar...

Que vuelva la felicidad insomne. Aquí la espero.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Guapa!!! Espero que vuelva esa felicidad y lo malo tenga arreglo. Besos te veo el miercoles.

Kika... dijo...

Eso espero yo también. Ya te contaré.

vega dijo...

muy bueno... este y el de tu sobrino tato (que los he leído por orden de lectura no cronológico)
no hacía falta traducirlo, no. yo diré algo más bestia.
"felicidad es una puta fina pero yo quiero llevármela al altar."
es a la única proposición de matrimonio a la que diré "Sí quiero" sin dudar!!! ah la frase es de Ariel Rot no mía, que quede claro. pero desde que se la escuché cantar coqueteo con la felicidad como con un hombre guapo con camisa blanca!!