11 octubre, 2006

La danza de la lluvia...

Me meto en el baño caliente de espuma. Al cabo de unos pocos minutos siento que vuelvo a la vida de nuevo y que, como a las plantas de terraza me van saliendo los brotecitos primaverales producidos por la savia nueva y briosa. Es tan grande el bienestar que siento que me voy a quedar frita. Me gustaría saber cuál era el invento que hizo Vinicius de Moraes para dormir en el baño sin perecer ahogado.

Esto es un fragmento de un libro con el que me río bastante en mis momentos de escepticismo acerca del género masculino (una los tiene como todo el mundo, supongo). Se llama Cómo ser mujer y no morir en el intento, de Carmen Rico-Godoy. Creo que Carmen, la protagonista del libro, y yo tenemos muy poco en común, si exceptuamos nuestra pasión por los baños de espuma.

Los que se van de puente me van a matar, pero llevo semanas haciendo diversos rituales secretos para que llueva. Como yo no me voy de puente (tengo que ir a la academia a cantar el viernes), pues me da igual que el panorama meteorológico se estropee un poco… Y además me encanta que llueva.

El primer ritual secreto es limpiar los cristales. Se me da fatal, pero tengo comprobado que cuando me quedan bien después de un buen rato de frotar… invariablemente llueve, aunque sea un chaparrón que es más barro (polvo del Sahara es como se llama finamente) que agua. Lavar el coche tiene los mismos efectos. En cuanto le has quitado la capa de guarrería que tiene por encima a causa de aparcar en la calle… caen cuatro gotas y te fastidian el trabajo. El segundo ritual secreto es poner la música en casa a todo volumen. Si nadie desafina espontáneamente, se desafina a propósito. Aunque tengo que decir que la tasa de éxito de este sistema es menor que la de los cristales. El motivo, lo desconozco… Finalmente, y al más puro estilo de los indios americanos, se puede hacer la danza de la lluvia, invocando a los espíritus de la tierra o del cielo. Eso es lo que más me gusta hacer, si bien no suele tener resultados demasiado buenos…

¿Y qué tienen que ver la lluvia y los baños de espuma? Es evidente. Ahora mismo hay sequía, y para ahorrar agua me ducho, lo que no me produce ni los mismos efectos beneficiosos (físicos y mentales) ni me hace la misma ilusión. Lo de ducharse para mí es simplemente lavarse. Pero el baño tiene algo de ritual, de momento de introspección. El motivo psicológico lo ignoro: no sé si es porque me recuerda a mi mar o es un rollo psicoanalítico de esos del recuerdo del seno materno…

Un amigo mío se estudió prácticamente toda su oposición tumbado en la cama. Pues cuando yo tengo algún tema complicado, de esos que no me entran de ningún modo, me meto en la bañera con él. Es fantástico. Enseguida lo comprendo todo, lo memorizo y a otra cosa. Adoro también escuchar música (y eso que en las pelis americanas siempre hay alguien que muere electrocutado porque el malo le tira el radiocasete en la bañera) porque mi cuarto de baño tiene una acústica fantástica. Es algo así como un dolby-super-surround-home-cinema de esos, pero en más cutre.

En la bañera tomo mis grandes decisiones. En ella tengo también mis grandes momentos de epifanía personal. Cuando me doy cuenta de las cosas. Entre la espuma y el vapor se me ocurren ideas, canto canciones, escribo poemas.

Podría vivir en la bañera.

Lo único es que salgo totalmente arrugada. Pero hasta eso me gusta.

Así que, en el nombre de mi salud mental, que llueva. Aunque sea puente. Aunque Lady K me quiera matar. Aunque se manchen los cristales o el coche. Que se llenen los pantanos y así pueda por fin llenarse mi bañera.


La foto… es un regalo que me han hecho. Me gusta como ha quedado. Y aunque no la he hecho yo, sí que la he titulado, en honor a la canción. Se llama Verme dormir

2 comentarios:

Kika... dijo...

La gracia de la foto es que está hecha en dos partes. Para que las sábanas quedaran arrugadas, hubo que poner un balón de baloncesto donde está mi cabeza...

Anónimo dijo...

Con la lluvia de hoy te podras dar un bañito por lo menos. Besos Reyes