02 octubre, 2006

Hasta los pelos...

Todo el mundo me pregunta qué me pongo y mis secretos de belleza
Y yo siempre les contesto: “Mucho frío”
Y me miran con extrañeza
No se creen que yo duermo en un frigidaire
Y que el hielo me conserva muy bien
Muy bien, muy bien…
Secretos de belleza
, Alaska y los Pegamoides


Hay gente que dice que ir a la peluquería es un antídoto perfecto contra la depresión. Vamos, que entras triste y hecha un asco y sales feliz y monísima. Yo no lo tengo demasiado claro: he ido a todas las peluquerías de mi barrio (bueno, a las que puedo ir con mi nivel adquisitivo) en busca de un alma caritativa que entienda a mi pelo. Mejor dicho, de un alma caritativa que no se asuste de la cantidad de pelo que tengo.

Normalmente, entro en la peluquería y doy más o menos el pego, pero en cuanto se acercan a ver lo que quiero… me tocan el pelo y dicen la frasecita: “¡cuánto pelo tienes!”. ¡Pero si es de lo mejor que tengo! ¿No sería peor ser calva? No sé. Entonces no tendría que ir a la peluquería…
Así que con ir dos o tres veces al año a cortármelo, darme las mechas y pasar la ITV capilar es suficiente. Y me tocaba esta mañana.
Hace como un año encontré una peluquera encantadora que me cortaba el pelo fenomenal y se entendía muy bien con él. Ya, ya sé que hablo de mi pelo como una entidad independiente, pero hasta cierto punto lo es… Llego a la peluquería… y no estaba mi Mari. Ayayayayay… que ya empieza la crisis. Me dicen sus compañeras que se ha ido a vivir a Guadalajara y que ya no trabaja allí. La cara que he puesto ha debido ser un poema, porque rápidamente me han dicho que no me preocupara, que me iban a cortar el pelo igual, y todo estupendo.

Me he pasado una hora con el pelo lleno de papelitos de plata para darme las mechas… una pinta… y encima lo de las mechas es como comprarte un Kinder sorpresa: aunque te las den – presuntamente – del mismo color que la vez pasada… nunca sabes cómo te van a quedar hasta que te quitan de encima los diez kilos de papel de aluminio que tenías encima. Menos mal que la peluquera era muy maja: me ha dado dos revistas de cotilleos porque ha decidido que el libro que llevaba (Derecho Internacional Público y Organizaciones Internacionales) era un rollo. Y luego me ha contado que era de Getafe, le he dicho que estudié allí y hemos estado hablando un buen rato.

Después de esperar lo que me ha parecido un siglo, por fin me han lavado el pelo, me lo han cortado un poco y se han lanzado a peinarme. El detallito final: me han dicho que me iban a peinar con una plancha que está de moda entre los famosos. Y yo pensando “pero si no quiero ser famosa, quiero que esto acabe ya y no dar miedo a los que me vean”. “No te preocupes, que vas a quedar igualita que Madonna en su último vídeo.”

Me quedaban ganas de contestar que nunca he querido ser Madonna, que cuando era pequeña imitaba a Deborah Harry, la cantante de Blondie. Al final, la peluquera miraba complacida su trabajo… y yo pensaba que no me parecía en nada a lo que traía pensado.

Menos mal que mi madre me ha dicho que ella me ve bien. Cómo la quiero.

Qué razón tenía Bridget Jones cuando decía eso de que ser mujer es peor que tener una granja…

La próxima vez, me podré delante de la cortadora de césped del parque. Así sí que te cortas el pelo en plan barato. O que me lo corte mi preparadora… que se tiró seis años de oposición cortándoselo a sí misma…jajajajajaja

6 comentarios:

Lady K dijo...

Ay,el pelo.Sólo acuerdate de dos cosas.La primera de cómo me dejaron cuando me di unas mechas rubias.¡Igualita que Marilyn en "La tentacion vive arriba"!Y la segunda,de lo que te dijo aquel fotógrafo de Vogue.Tenemos un pelo incomprendido y con sentido estético propio.Bueno,así le podemos consultar nuestro siguiente look y es más divertido.

Kika... dijo...

Eso es verdad: (lo del sentido estético propio de nuestro pelo)... del pelirrojo scully al rubio actual... he pasado por algunas posibilidades interesantes. Y tú todavía más (no olvidemos aquellas mechas rosas)...

isabel dijo...

el misterio de las peluquerías, por qué siempre les digo q me corten el pelo igual y cada vez lo llevo diferente? Por qué si le digo q me corte 4 dedos me corta 2 y si le digo q me corte 6 para q me corte 4 me corta 8?En fin...eso por no comentar las quejas de mi cantidad de pelo, q siempre estoy a punto de disculparme y luego pienso...tampoco será para tanto, q yo tengo q vivir con él.

vega dijo...

sólo he cambiado mi sosocolor natural 2 veces: cuando aprobé la selectividad que nos pusimos todas pelirrojas para hacer compañía a una amiga pelirroja de verdad y una vez que me entró la paranoia con que el sol me lo aclaraba demasiado y me lo puse color ciruela (aunque según ellos era violín). yo tb soy de la cofradía del "mucho pelo" pero encima el mío es terco. me pasé la adolescencia peleando contra él. ahora hemos llegado a un acuerdo: el hace lo que le da la gana y yo no le torturo con secadores, planchas, cepillos redondos ni nada... Nos llevamos muy bien ahora.
kika, la doctora marta tiene un don para la automecha... te comento!

hidden_angel dijo...

Lo de la peluquería es como un ritual para mí. Pero nunca salgo contenta. Yo soy de las de poco pelo pero muy independiente. Así que no veas el asquito que da.
Eso sí, llevo una temporada tratando de cortármelo porque el pelo largo es un poco coñazo y la gente amenaza con atentar contra mi vida. Así que aquí ando. Hasta que me dé el punto y termine por quedármelo cortito cortito.
Por cierto, quiero una foto de tu nuevo pelo!!!!!
Bueno fashion, un besino de parte de Divina.

Kika... dijo...

Hidden Angel: Estoy un poco mega-rubia, y un poco mega-pelos...
Vega: ya me contarás lo de la Dra... (que está muy calladita últimamente porque acaba de estar de juerga en Granada)
Isabel: A mi me pasa igual. Creo que las peluqueras son el único gremio en el que ocurre algo así. Imagínate ir al kiosko, pedir "El País" y que el tío te diera el Supertele y un paquete de chicles de menta. Y que encima te diga que es porque te va a quedar mucho mejor...