30 septiembre, 2006

Tortúrame, darling, pero sólo un poco

Ayer cuando iba a salir de casa para ir a la Academia, oí por la televisión que el Senado de EE.UU. había aprobado una ley sobre el tratamiento de los presos acusados de actos de terrorismo internacional. Los que todo el mundo conoce como los “presos de Guantánamo”. Y el hecho de estar en Guantánamo no es casual.

Las leyes penales de los Estados son territoriales, es decir, no pueden aplicarse más que en su espacio de soberanía (el territorio, que incluye las zonas terrestres, aguas interiores, mar territorial y espacio aéreo). Si tu país es democrático y a los detenidos se les concede el derecho a tener la asistencia de un abogado, a saber de qué se les acusa y a ser juzgados por una determinada jurisdicción… ¿cómo haces para librarte de esos “molestos” derechos? Pues detienes a los sospechosos en un lugar que esté fuera de tu país. Eso permite la no aplicación de tu ley penal y asunto solucionado.

Luego se pueden crear unos tribunales especiales para juzgarlos, unos tribunales que hasta el Tribunal Supremo de los Estados Unidos de América ha considerado ilegales. Como respuesta a esto, la ley de ayer, que somete a los detenidos a tribunales militares, lo que supone una merma de sus derechos.

Ah, Kika, pero si son militares – diría mi Arquero de Afaya – entonces se les aplicará la III Convención de Ginebra relativa al trato debido a los prisioneros de guerra, en concreto su artículo 13, que establece que los prisioneros de guerra deberán ser tratados humanamente en todas las circunstancias. Está prohibido y será considerado como infracción grave contra el presente Convenio, todo acto ilícito o toda omisión ilícita por parte de la Potencia detenedora, que comporte la muerte o ponga en grave peligro la salud de un prisionero de guerra en su poder. Pues no. No se les aplica porque no se les considera prisioneros de guerra. Así que se les puede retener sin informarles de qué se les acusa y parece que no es necesario respetar, no ya la Convención de Ginebra, sino al menos el estándar mínimo de derechos humanos.

La Declaración Universal de los DD.HH., en su artículo 5, afirma que nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes. Y todos sabemos lo que está ocurriendo en Guantánamo, porque de hecho el Presidente norteamericano ha permitido también que se apliquen métodos para la obtención de información. Vamos, que se puede torturar, pero sólo un poco. Pero lo que Bush no sabe es que el verbo torturar no admite graduación. O se tortura o no. Pero no se tortura un poco.

Los senadores han rechazado también una enmienda que trataba de restablecer para los detenidos el derecho al habeas corpus. El recurso de habeas corpus, consagrado dentro de la Constitución de EE UU, es el instrumento legal que permite a cualquier acusado cuestionar la legalidad de su detención y que el caso se resuelva ante un juez. A efectos prácticos, ese instrumento prohíbe las detenciones indefinidas sin la presentación de cargos o un juicio formal. La enmienda fue rechazada pese a la insistencia del senador en que negarle a los detenidos el derecho al habeas corpus es inconstitucional.

El horror de los atentados terroristas no debería hacer que se permitan esos recortes de derechos. Porque el siguiente en verlos mermados podría ser cualquiera de nosotros. La democracia no es, o no debería ser, un obstáculo para la solución del principal reto de la política internacional en el siglo XXI. La democracia es, o debería ser, la solución.


Al menos, riámonos un poquito… Este es un cartel que encontré en una promoción inmobiliaria en San José (Almería). ¿Quién va a financiar la casa? ¿El banco o la madre? ¿O la madre del tío del banco?...


Gracias Jefi por tus carteles… si me dejas, colgaré alguno próximamente…

1 comentario:

hidden_angel dijo...

He tenido un momento dejà vu y me he imaginado a Pedro el cabrero en medio de la clase de DICA. Pero te ha quedado muy mono el post. Tratar de entender la política norteamericana cada día es más complejo o más sencillo. No hacen sino retroceder en los derechos conseguidos a lo largo de mucho tiempo de peleas democráticas y que la sede de la ONU esté allí me parece algo bastante irónico. Sobre todo cuando son ellos los que primero se empeñan en vulnerar los derechos fundamentales de todas las personas. Se erigen en protectores y defensores del mundo pero adaptan todo según sus necesidades y eso me parece lo menos altruista y más egoísta que puede existir.
Alguien debería decirles que las reglas están para todos y que si no los juegos no son justos.
Estoy segura de que Bush era de los que, si perdía al parchís, terminaba por tirar todas las fichas y enfadarse.
Besinos