21 septiembre, 2006

Piropos de colección

Tradicionalmente, si querías subirte la moral a golpe de piropo, cumplido, lisonja o requiebro (mi palabra favorita de las cuatro), no había nada como pasar por delante de una obra. La imaginación de los trabajadores del sector de la construcción era tradicionalmente inagotable. Otra posibilidad era pasar por delante de un centro de la Tercera Edad: todas las neuronas trabajando para ver qué pueden decirle a las chicas que pasan por allí. A mí, la verdad, me da más corte que otra cosa lo del “piropo a discreción”. Cuando me pasa –tampoco es todos los días- supongo que sale mi lado hipertímido (que aunque no lo parezca, lo tengo), miro hacia otro lado y suelo caminar a toda velocidad para escapar, con la cara más colorada que los tomates de la huerta biológica de mi sobri Tato. Y eso es ponerse muy colorada.

Pero ello no ha impedido que durante mucho tiempo, además de mi colección de palabras y de carteles curiosos (a los que dedicaré un post algún día), he ido amasando una considerable colección de piropos de todo tipo. No es que me los hayan dicho a mí, sino que mis amigos me los cuentan, y a veces hasta me los apuntan. Luego me los regalan y me hace mucha ilusión. Casi como si me los hubieran dicho a mí. Estoy convencida de que hay mucha poesía en la vida cotidiana…

Algunos ejemplos de mi colección. Un clásico es “tú no andas, levitas, y lo que hacen las demás es insultar al suelo”. Este es una de las primeras joyas que guardo en el archivo.

Mi amigo Chandler es un artista del piropo: es capaz de colocarlo en el momento adecuado: dispara de manera certera, y puede incluso inventarse un poema sobre la marcha para que el requiebro quede en su justo lugar.

Los cumplidos no tienen que ser amorosos ni para ligar. Pueden referirse a otras cuestiones. Una preparadora le dijo hace poco a una opositora “ya estás preparada para aprobar, te lo sabes tan bien que quiero ser tu jefa”. Toma ya. Puedo aseguraros que no había segundas intenciones. Otro ejemplo. Un profesor le dijo a una amiga mía – muy conocida por militar en partidos de izquierdas – “tienes una inteligencia tal que menos mal que ha caído en manos de los comunistas”… supongo que si hubiera estado afiliada a otro partido, se habría dedicado a tratar de dominar el mundo…

Incluso existe el “piropo antidepresivo”: hace poco pude escuchar algo así como “no estés triste, que cuando lo estás mi día se apaga”.

El mundo de la música es también fuente inagotable de cosas bonitas que decir. Hay un piropo clásico que data de 1921, y está en el tango Margot (imprescindible la versión de Malevaje en el disco del mismo nombre). Dice el tango que “pero hay algo que te vende/yo no sé si es la mirada, la manera de sentarte, de charlar o estar parada/o ese cuerpo acostumbrado a las pilchas de percal”. Las cosas bonitas, de Miguel Dantart, y Vestida de domingo, de Paco Cifuentes, son también muy útiles como canción piropo. Pero es que hay cumplidos musicales para todos los gustos: a Lady K le encantaría que alguien encontrara el alma en sus croquetas (como en Locura culinaria, de Luis Felipe Barrio y Matías Ávalos), y las hay que adoran eso de “esperando hacer amigos por la nieve/al abrigo de otra lucidez/descubriendo mundos donde nunca llueve/escapando una y otra vez” (Clara, Joan Baptista Humet).

Y también en el mundo musical, un homenaje desde aquí a Kiko Tovar: creo que cualquier chica caerá rendida a los pies de quien le cante Verte dormir. Bueno, cualquier chica no, porque no he hecho una encuesta. Pero a mí me encanta.

Porque no hace falta que el piropo sea algo sofisticado, complicado o lírico en grado sumo. Una amiga mía, que sufrió muchísimo por amor, logró poner fin a esa mala relación y comenzó a salir con un chico nuevo. Y un día me llamó y me dijo que lo que más le gustaba de su novio era que cada vez que se cruzaba con él por el pasillo, le decía, a media voz, una frase muy sencilla. “Me encantas”. Me recordó mucho al personaje de Andera en la película Beautiful girls, que dice en una escena que no necesita nada más que escuchar una frase al final del día. Y no es nada más que: “buenas noches, dulce niña”.


Y si… tenéis algún buen piropo, a lo mejor podéis regalármelo (prometo no reproducirlo). No es para mí, es para la colección. También los acepto a título personal, jajajajaja… siempre y cuando no sea “ese es un cuerpo… y no el diplomático”… jajaja…

3 comentarios:

Lady K dijo...

Bueno,pues una de piropos.Los tengo variados.Desde el tan típico modelo de la tercera edad "qué pasa en el cielo para que los ángeles vistan de negro" , el modelo dependiente del Starbucks "deberías sonreir más porque cuando lo haces estás preciosa" , el modelo profesor1 "cómo no va a atender las dudas de una chica tan guapa como tú" o profesor2 "qué mona va siempre esta chica",pasando por el de obra light "niña,pareces un anuncio de medias".Hay de todo.Si tuviera que elegir uno,lo haría ,no por ser el más bonito sino por ser el más apropiado.Una mañana en una heladería muy frecuentada por ejecutivos entró una chica en chandal y sin peinar.Pidió una copa de helado gigante y se sentó en un rincón a llorar.En esto, un ejecutivo de traje y corbata se levanta,se acerca y le dice "¿estás bien?¿te has hecho daño?".Ella le mira incrédula y él le dice "sí,que si lloras porque te hiciste daño al caerte del cielo,preciosa"

sky4you dijo...

Este es de mi cosecha de greguerías: "Las mujeres con cuerpo de guitarra sólo deben ser afinadas por virtuosos"

Kika... dijo...

Otro que se me pasó (inexplicablemente) ayer: "dicen por el vecindario que en el barrio hay poca luz... que te miren a los ojos cuando ríes tú" (de "Luz del barrio", Juan Perro)