11 septiembre, 2006

No se me ocurre nada... pero nada... nada de nada...

No estoy acostumbrada a tener parones creativos. No me pasan cuando voy a escribir un poema, porque sólo escribo cuando se me ocurre algo. No me ocurren tampoco a lo hora de escribir en el blog, más o menos por el mismo motivo. Ni siquiera en la oposición me quedo paralizada, aunque tendría mis motivos. Pero ya hago el comentario de texto con el piloto automático mental (si es que existe algo así) puesto. Porque en el fondo, da igual hablar de Rusia y los Derecho Humanos que de la cría de la mosca del vinagre en Madagascar. No exagero. Os lo puede decir cualquier opositor. Pero eso ya es otra historia.

El sábado saqué todas mis cuentas, cristalitos, herramientas y abalorios para empezar a crear mi colección de joyitas para este invierno. Hay que ponerse pronto con ello, porque lo que era meramente una afición ha pasado a ser algo que le gusta a la gente… sobre todo en Navidades.

Sepultada por rocallas de cien colores, no me inspiraba. Empecé un prototipo de pendiente y me pareció que me quedó espantoso. No era capaz de hacerme con el material, de conseguir que las cuentas, los cristales, el pewter… expresaran lo que yo quería decir. Era una señal funesta: el objeto de mi trabajo se rebelaba, no me dejaba trabajar, me impedía darle forma o color… Cuando el diálogo entre las piezas del proceso se interrumpe – no me veo como una artista, sino más bien como un vehículo – no se consigue nada en la simbiosis de la joyería…

Estaba pensando en recogerlo todo, cuando pensé que siempre hay un hombre, o mejor dos, que me salvan del bloqueo creativo. Puse el disco Llueve, de Jorge Drexler (tengo los mismos resultados con Vaivén o Eco), y al escuchar la canción Paisaje Lunar, ya se me había ocurrido lo que iba a hacer. Con bastante precisión.

Y para terminar la magia, llegó Juan Perro con Raíces al viento y Cozumel, una de mis canciones preferidas de la historia de la música, terminó de obrar el milagro. Rompí las reglas que tiene la bisutería, como todas las artes decorativas, asumí riesgos, hice cosas distintas… y creo que van a funcionar.

Lo último, el nombre de la colección, una especie de talismán interior que me acompaña la temporada… y dado que empecé en el espacio, en el paisaje lunar, y terminé en la isla de Cozumel, rodeada de mar, la he llamado “Mares Celestes”.

Ya no sé si es que me vida tiene banda sonora… o si la música la llevo dentro, pero creo que la kikamagia es bastante musical…


Un momento de magia (pasado): Drexler, en concreto su disco “Vaivén”, es también una música fantástica para dormir a los niños. Cuando sobri Tato era un bebé, yo le cantaba “Un lugar en mi almohada”, y después todas las demás canciones del disco, y siempre se dormía. Tanto es así que si yo no estaba, sus padres le ponían el CD… Y si escucha el disco ahora, años después, siempre se acuerda de que eso era lo que le cantaba para que se durmiera…


Y otro momento de magia (futuro): Menudo calendario de 5ºs Tigres que se avecina... A Vega casi le da un infarto, a mí, una embolia, pero a Edu le va a dar un síncope...

2 comentarios:

vega dijo...

jajaja como se nota que no soy profesional porque yo voy a mis tiendecitas de abalorios (no, no voy a pontejos, no insistais, esa tienda me estresa) recorro los pasillos con la libreta y veo los pendientes en mi cabeza (yo solo hago pendientes como caramelos, que dan ganas de chupar) y luego a veces alguien me dice: como molan, dond los has comprado?? y me encargan pares que nunca cobro. efectivament no soy profesional. pero espero un par tuyo no se si de la nueva o la vieja colección!!!

Yayo dijo...

Cozumel también es mi canción favorita