27 septiembre, 2006

Exorcismo culinario

Escribo en un papel mientras cocino, porque es en la cocina – y en la bañera – donde suelo tener mis pequeños momentos de epifanía personal. Pero lo de hoy no es epifanía. Si acaso, es exorcismo.

Aprendí muchas cosas de ti. La más importante, que no me querías, o al menos tenías una manera incomprensible de demostrarlo. Y eso que dicen que a la familia no se la elige, que estás obligado a quererla. Supongo que te lo tomaste como una obligación, y las obligaciones terminan por conducir al tedio si no están acompañadas de convencimiento.

Aprendí lo que no quiero ser. Lo que rechazo: la mentira, la inconsecuencia y el complejo de superioridad. Por eso decidí no mentir, vivir en una realidad – paralela – donde pudiera tener un espacio en el que ser como soy no fuera un demérito. Nunca traté de darle sentido a mi vida quitándoselo a la tuya: al final de todo me he dado cuenta de que somos agua y aceite. Y creo que en este caso el mar de Kikel flota sobre tu aceite. Al revés de cómo crees que debería ser. En mi mundo ocurre.

Dices que quieres hacer tu vida. Supongo que por eso luchas tanto por sacarme de tu ecuación. No hace falta que me despejes, me marcho yo. No quiero que sea tu obligación quererme. Quererme con todos los defectos que dices que tengo, aunque siempre demuestras que no me conoces. Mis defectos, muchos, son otros. Pero no podía esperar que me vieras, y menos que me aceptaras o me comprendieras.

Supongo que no soportas que vuele sin despegar los pies del suelo, que tenga fe en las personas, que me invente planetas enanos, que piense que las mejores cosas de la vida son pequeñas y no cuestan dinero, que a veces llore, que crea en la magia.

Quienes sí me conocen se sorprenden que yo haya podido sobrevivirte, como una planta medio muerta a la que riegan de vez en cuando con ácido sulfúrico. Que haya salido algo con un poco de poesía de tus aromas. Quizá haya sido el sufrimiento. Dicen que forja carácter, pero preferiría que el mío no se hubiera forjado así. Puede que sea porque en mi vida ha habido otras personas con tanto amor que me han llenado de luz. A ellos – y un poco a mi misma – les debo haber podido ser lo que soy.

No habrá una segunda parte. No es por odio ni por rencor. Ahora ya es mi instinto de conservación. Tantos torpedos directos a mi línea de flotación han dejado mi cerebro con una vía de agua. Ya sé que la mente no tiene compartimentos estancos, pero sí puede superar, ordenar y terminar por dar a las cosas la importancia que tienen.
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Te dejo. Se me pega la comida.

5 comentarios:

Lady K dijo...

Los bosques donde habitan las hadas,la tierra donde se esconden los tesoros de los enanos y las cordilleras cercanas al cielo de Kikel están contigo.Con los mismos paisajes del norte en las pupilas que cuando te conocí te digo que, aquí, tienes tu sitio.

vega dijo...

a veces, las cosas cambian, ya se que parece increible, que es imposible, pero a veces, pasa"
Almudena Grandes en Atlas de Geografía Humana.

Un beso

Anónimo dijo...

Mucho animo guapa por suerte tienes una madre estupenda y muchos amigos que te quieren.

Besos

Reyes

Kika... dijo...

Llenas de luz, no esperaba menos... Gracias haditas!!! Y Vega, ya brindaremos porque el exorcismo ha dado sus resultados (con Lady K y Reyes ya he brindado, pero seguro que se apunta)...

Eduardo dijo...

No sabes como te comprendo, de veras...
Espero que sigas navegando sobre los mares que rodean tus planetas, siendo tú misma, con tus hadas, tu magia y sobre todo, tus defectos, nunca los corrijas. Aquí tienes dos orejas grandes cuando quieras.
Para eso nunca estaré ocupado, Un beso grande Cenicienta!!!