19 agosto, 2006

Verborreas de verano (I)... ¿Dónde acabarán mis poemas?

El poeta portugués Fernando Pessoa, probablemente uno de los más importantes de todos los tiempos, murió en 1935. Este dato biográfico no pasaría de lo anecdótico si no fuera porque en vida sólo publicó un libro, Mensagem, muy poco antes de su muerte.

Fue su familia la que descubrió su legado dentro de un arcón. Libros enteros, llenos de poemas, textos, aforismos, escritos tanto bajo su propio nombre como con otros, Ricardo Reis o Álvaro de Campos, diferentes personas que se conocen como los heterónimos pessoanos.

¿Sabía realmente Pessoa lo que dejaba en aquel arcón? ¿Por qué motivo lo guardó? Quizá, y sin ánimo de compararme con Pessoa (ójala), me pregunto lo mismo acerca de mis propos poemas. ¿Dónde terminarán mis cuadernos? ¿Dónde van los poemas que por pudor, miedo o vergüenza no enseño a nadie?

Y, peor aún... ¿qué pasa con las frases de las tres de la mañana? Las que no escribo, de las que a veces ni me acuerdo, y que son las más bellas... A veces pienso en susurrárselas a la grabadora, pero me da miedo escucharme decirlas en plena noche.

Ello sin contar los poemas que sueño, a veces entre música y color, otros rodeados de la gris calima de mis peores pesadillas.

¿Qué pasará? ¿Quién encontrará mis cuadernos escondidos cuando ya no esté? Entonces, tendrán mi legado. No será el de Pessoa, pero será mi alma.

Almas que, en este mundo, no abundan precisamente.


Un recuerdo: Madrid amanece sin Hilario Camacho...

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