08 agosto, 2006

Llévate un cantautor a casa...

Llevaba tres tarjetas en la cámara para no perderme ni un minuto… pero al final no saqué más que dos fotos. Y eso que era el acontecimiento del año… o del siglo… por fin mi ahijada iba a ir a un concierto de su favorito: Miguel Dantart.

Y todo ello por una conjunción astral de esas que hacen que por casualidad estés en un pueblo a diez minutos de Collado-Villalba y que todo cuadre de repente. Menos mal, porque ya había calculado yo que para cuando Luli cumpliera 18 años (que la verdad no sé si es la edad legal para ir a conciertos, pero por ahí debe andar), yo andaría por la muy respetable edad de 39, y probablemente Miguel sería ya un autor multiplatino de esos con los que no coincides nunca después de los conciertos.

La pobre Luli (propia confesión) estaba muy nerviosa. Y aún así había hecho todo lo que le habíamos dicho: tenía que dormir la siesta, ducharse y cenar más pronto de lo habitual. No parecía ni ella misma de lo obediente que estaba. Después de elegir las siete pulseras y los dos llaveros que iba a llevar (la ropa ya la había escogido hacía dos semanas), me dio las cuatro pulseras, cuatro pendientes, dos anillos y dos collares (uno de ellos de florecitas de madera hecho por ella misma) que tenía que llevar yo. La verdad es que más que la Kika de siempre, yo parecía un muestrario de bisutería…

Al concierto fuimos la superfan, la madrina y nuestras respectivas madres. En el último momento se sumó mi sobri Tato para que pudiéramos cumplir lo que siempre ocurre en los conciertos de los cantautores: hay un chico para cada cuatro chicas. Todo perfecto. Hasta encontramos el sitio a la primera.

Así que nos sentamos a esperar un poco, pero como la cosa se retrasaba y el Centro Cívico Peñalba está en un parque bastante bonito, Luli y yo decidimos ir a explorar. Ya digo (ver post “La magia que reparte Miguel Dantart”) que cuando voy a uno de los conciertos de este cantautor tengo que esquivar las hadas, porque me ocurren todo tipo de cosas mágicas… Y esta vez no fue una excepción: justo cuando íbamos hacia el estanque de los patos, nos cruzamos con Miguel, así que la fan pudo por fin saludar a su favorito. Le dio dos besos y se quedó muy impresionada… y cuando Miguel se fue a probar sonido, Luli me dijo, “¡qué guapo es! ¿verdad, Kika?”. Para lo sosa que soy yo… estoy criando a una verdadera “femme fatale” (jajajaja).

Comenzó el concierto con “Cuando todo esto era campo”, en pleno campo (ya hablaré de esto, pero es que yo soy urbana a más no poder), y “Mundo Alborotado”. Como detalle gracioso, mi ahijada preguntó que cuántas veces la iba a tocar… ya le dije yo que una, que esto no es como un disco… mejor dicho, como su disco…

Hubo varios momentos emocionantes: a mi tita (la madre de la criatura) le tocó la fibrilla “En la palma de tu mano”, la dedicatoria de “Não sei”, que nos emocionó tanto a mí como a mi madre (que sabe lo que es la oposición, y lo importante para mí que fue ese examen de portugués)… y la canción personalizada que fue “Las cosas bonitas…”. Cuando Miguel tocó esta canción (la canción piropo), se la dedicó a Lucía, que estaba sentada en mis rodillas. No sé si miraba hacia arriba o se hacía la tímida, pero le puse discretamente la mano en la parte baja del cuello… y en ese momento Luli no tenía un corazón, sino un millón de corazones latiendo a la vez y a toda velocidad… Eso me emocionó muchísimo…

Hay que decir también que el público era de esos un poco fastidiado: más entregado a la ensaladilla y la tortilla de patatas que al arte, pero hubo dos mesas de señoras que se quedaron bastante enganchadas, así que les apuntamos en un papel las webs de los Tigres y de Miguel para que lo sigan…

El momento más divertido fue cuando a mi madre se le ocurrió que cada vez que Miguel dijera “Tírame un beso”, hiciéramos lo propio. Así que las chicas de la familia tuvimos un verdadero ataque de histeria “besadora”… y nos daba igual que el resto de las mesas nos miraran como si estuviéramos poseídas…

Al final, nos acercamos para despedirnos, y aquello fue como un besamanos familiar donde todas las chicas de la casa estábamos encantadas de saludar al artista… y una vez en el coche, mi madre y mi tita dijeron que querían ir a los conciertos de los Tigres o de Miguel en solitario… Ayayayayay… ya me veo en la Galileo con toda la familia, la nevera portátil, los bocadillos de jamón y el melón…

Todo el camino hasta Becerril, mis sobris se dedicaron a hacer una nueva versión de “Chinita con flores”, pero que ahora se llama “Kikita con flores”, cantando a gritos eso de … y a la pobre Kika, ¿quién le regala flores?...

Pero lo mejor pasó después. Mi tita me contó al día siguiente lo que había pasado cuando llegaron a casa: Luli se lo contó todo a su padre con pelos y señales, le puso “Las cosas bonitas…”, y se volvió a leer en alto la dedicatoria de su disco…

Y luego sentenció: “Papi, tú eres muy guapo, pero a Miguel lo quiero más…”

2 comentarios:

VICTOR ALFARO dijo...

Me he leído todo tu blog, de arriba abajo, sin parar, de golpe, de un mordisco... benditos sean los cantautores (y cantautoras), y que suerte tenemos de que nos guste este tipo de música. Saludos!

vega dijo...

que bueno Kika!! el público infantil de Miguel le asegura un futuro prometedor! me habría encantado ver la cara de tu ahijada (y la de Miguel también para que engañarnos)