02 agosto, 2006

Leo Minax o un viaje de una hora entre Minas Gerais y Moratalaz

Hasta que empecé mis clases de portugués no supe lo que era estudiar un idioma minoritario. ¿Minoritario? ¡Pero si tiene 178 millones de hablantes en Brasil, 10 millones en Portugal, sin contar los aproximadamente 35 millones entre África y Timor Oriental! Eso es mucha gente. Y sin embargo, es un idioma que en España se estudia poquísimo. Por ejemplo, es imposible conseguir ningún periódico portugués en Madrid. Muy fuerte. El Wall Street Journal lo encuentras en todas partes, pero es imposible hacerte con una copia de O Correio da Manhã. Y si ya se tienen en cuenta sus dos variantes principales, el portugués de Portugal (las variedades africanas y timorense se parecen más a éste) y el de Brasil, peor aún: se estudian en lugares separados porque hay diferencias de pronunciación y de gramática entre ambas. Yo voy a clase de la variedad portuguesa, aunque eso no impide que compre todo lo que puedo (especialmente música y literatura) en portugués o “brasileiro”.

Así fue como llegué a los discos de Leo Minax. Compré el último, Aulanalua un poco por casualidad cuando agoté la sección de Portugal en la FNAC (y después de deprimirme un poco por la sobredosis de fados) y me pasé a la de Brasil. Ya tenía bastante música brasileña, pero nunca había escuchado nada hecho por un brasileño en España. He escrito que compré el disco por casualidad. Pero ya sabemos (¿verdad, Vega?) que las casualidades no existen. Fue, de hecho, algo mucho menos romántico que una casualidad: fueron tres motivos meramente instrumentales. En primer lugar, lo compré porque tenía un DVD con eso que llaman el “making-of” del disco y pensé que así podría oír a alguien que no fuera a mi profesora hablando portugués. También creí que a un disco con tanta parafernalia no le podría faltar el clásico librito de las letras (fundamental para enterarme un poco aunque a veces tengo que usar el diccionario). Y en tercer lugar, el factor decisivo del precio: estaba en oferta especial, y los que todavía compran discos saben bien lo que se aprovechan en las tiendas de eso que se llaman las “músicas del mundo”.

Pero con la primera escucha ya me quedé impresionada. Tuve que dejar el diccionario y el librito de las letras para escucharlo varias veces. Así que una semana después me compré su disco anterior, Stereo 13… y hasta la fecha.
El domingo pasado tuve la oportunidad de verlo por primera vez en directo en el Búho Real y no defraudó.

Yo estaba sentadita en la primera fila con mi madre y… las hadas de nuevo… de pronto, aparecieron Vega e Isabel. Del mismo modo que yo llevaba de “contratada” a mi madre, Isabel había “contratado” a su hermana, que a su vez había “subcontratado” a un amigo (con tanta contratación parecíamos una multinacional) y finalmente acabamos sentados todos juntos.
Leo Minax empezó con Tempo de samba, donde el público comenzó (comenzamos) a hacer unos coros realmente indescriptibles. Mi madre dice siempre que el público del Búho Real es probablemente el que más desafina (mejor dicho, desafinamos) de Madrid. Y que además, es al que más le toca cantar. Así que seguimos con los coros en Tú para mí y Um sertão ao lado em todo lado.

Se puede decir que Leo Minax no canta, sino que transporta a otros lugares, que hermana Belo Horizonte con Moratalaz, que pinta paisajes de selvas y de líneas de alta tensión, que emociona con los cambios de dinámica de voz. Dijo que nunca había visto el Búho tan lleno (estaba hasta arriba) y yo diré que me emocionaron mucho las reacciones de Isabel: porque Leo Minax y ella tienen mucho en común en lo que a influencias musicales se refieren. El artista brasileño ha colaborado con muchos de los mejores del panorama musical patrio: Jorge Drexler (Causa e efeito), Luis Pastor (Lábios de sal), Iván Ferreiro, Diego Vasallo, Javier Álvarez… Nos obsequió con algunas versiones en español, por ejemplo, la de Nada depois de você… pero a mí me sigue gustando más cuando canta en portugués…

Y se rompió una cuerda de su guitarra, menos mal que fue al final…

Al final, una dedicatoria de lo más sonora y musical:
Kika,
Uma aluna de portugués...
a-luna... a lua...
aula... aulanalua...

Es que creo que el disco me pega… se llama “Aulanalua” (aula na lua, Clase en la Luna). Y en la Luna tengo yo el chalet para cuando salgo de Kikel…

2 comentarios:

Isabel dijo...


Después de oir de fondo en el libertad la canción de Leo Minax con Ivan Ferreiro no podía dejar pasar esa oportunidad(gracias a mi hermana que firmó el contrato) y el concierto me encantó, lo pasé muy bien y el disco escuchado en casa, de fondo, mientras haces cualquier otra cosa, desconectando cada vez q oigo a Mr Ferreiro, merece mucho la pena, una buena compra, creo q era lo justo.
Por cierto, me gusta q digas q te emocionaron mis reacciones pero es que sus ídolos son mis ídolos...
En fin, q me enrollo. Pásalo bien en verano, descansa mucho y disfruta. Besitos.

Eduardo dijo...

aquí estamos esta noche de verano, de terracitas y San Franciscos con gominolas en el borde de la copa, aquí en mi casita solo, quemado con dolores (para ser el primer día del verano que piso una piscina, la cojo con ganas y me he quemado pero que muy mucho). No he podido salir así que me he pasado por kikel un ratito, a contemplar el mundo desde el chalecito lunar, no se ve mal, que siga así...de conciertos y sueños, de palabras susurradas en el dulce portugués...Qué vivan los sueños!!!