17 julio, 2006

Música, mentiras y videoclips... con Alejandro Martínez

Seguimos para bingo… segundo evento de la semana tigresa…


Hoy he puesto en práctica algo que mi primo Tato descubrió cuando tenía dos años y medio. Su sueño del momento era ir a la piscina de bolas que hay en la zona infantil de Ikea (él decía “la pisti de bolas de la tienda grande”), pero no admitían a niños de menos de tres años, y a él aún le faltaban tres meses para cumplirlos. Total, que un día sus padres decidieron ir a Ikea y le dijeron que dijera que tenía tres años cuando le preguntaran en la puerta de la guardería. El pobre fue todo el camino en el coche con los tres dedos preparados para decir que tenía tres años y así demostrarlo gráficamente. El caso es que llegó y la señorita le preguntó: “¿Cómo se llama este caballerete?”… y él contestó con su lengua de trapo, a la vez que exhibía los deditos: “Tes”. Su padre le aclaró que lo que le preguntaban era su nombre, él lo dijo y le dejaron entrar. Así que Tato descubrió que, a veces, dejando caer una mentirijilla se consiguen algunas ventajas (digo una mentirijilla con toda la prevención posible, sobre todo porque yo no miento nunca, o mejor dicho, casi nunca… seguid leyendo…)

A veces me gustaría poder estar en dos sitios a la vez: en la bañera de mi casa y en el examen de la oposición; con mis amigos en un concierto y estudiando en la biblioteca… En concreto, hoy se trataba de ir a la academia y de estar en el mini-concierto de Alejandro Martínez en la FNAC de Callao. La distancia a cubrir, mínima, pero ¿cómo hacerlo? Pues como mi niño. Eran casi las siete y cinco cuando he cogido el bolso y he avanzado con decisión hacia la puerta a la vez que gritaba “¡Me bajo a comprar tabaco!” Lo del tabaco lo he dicho porque me ha parecido una necesidad de lo más imperiosa, y así mi preparador no me diría nada pensando que tenía mono de nicotina. Lo malo es que según salía corriendo, he oído que mi preparador me decía “… pero Kika, si tú no fumas…” Ayayayayay…

He llegado a tiempo para sentarme en la primera fila, al lado de un señor muy amable que me ha preguntado si conocía a Alejandro Martínez, porque él no lo conocía, y que me ha contado todo tipo de anécdotas de cuando pudo hablar con Serrat y Aute. Hemos visto el vídeo de “Vengo a cantautar”, en el que Alejandro sale muy guapo y hace un poquito de hombre-orquesta tocando la guitarra, el contrabajo… y después ha comenzado el minishow, que me ha encantado, como yo esperaba. Alejandro a la guitarra y el piano, y Paco Bastante al bajo.

Había unas señoras a mi otro lado que le jaleaban diciendo “no te pongas nervioso, que eres muy guapo y cantas muy bien”. Ole con las señoras, espero que se compren el disco… Qué bonitas “Irene”, “Una corazonada”, “Ciudad” y “Paola”. Y qué bien me ha venido escuchar hoy eso de… yo quiero ser de verdad, y contigo puedo…

Gracias Alejandro por tus canciones y por la dedicatoria del disco, en la que me dices que esperas que esas canciones me emocionen… Pues claro, hombre. Si no, ¿por qué escribiría esto?


Un deseo: Que más diplomáticos y más políticos escucharan buena música. Así tendrían el corazón un poco más blandito, sobre todo con la que está cayendo…

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