14 julio, 2006

Los 5 Tristes Tigres y la tirita de Kiko Tovar

… en el mismo momento en el que caían las bombas en Beirut, nosotros íbamos a un concierto. Paradojas de la vida, supongo. Realidades paralelas. Horrores paralelos…

Antes de que mis millones de lectores empiecen a pedirlo (jajajaja – no son millones, pero valen como si lo fueran), allá va la crónica del concierto de ayer.

Tengo comprobado que cuando vamos a un concierto de los Tigres en Galileo tiene que ocurrirnos alguna desgracia moderada. Nada muy grave, pero que suele demostrar que tenemos el buen humor verdaderamente a prueba de bombas. Será para que luego apreciemos más lo bien que nos lo pasamos. Una vez perdí un zapato y un señor muy amable me llamó Cenicienta, otra vez un cajero automático con vocación de caníbal casi se traga la tarjeta de Kelly…
Esta vez fue el diluvio universal que nos cayó encima a Kelly y a mi cuando íbamos a coger el coche. Finalmente recogimos a una nueva fan-groupie de los Tigres, mi prima Marta, y nos fuimos hacia la sala. Armadas con tres paraguas, llegamos moderadamente secas (digo moderadamente porque Kelly y yo llevábamos sandalias y nos pusimos los pies bastante mojaditos) y empezamos a tomarnos las bebidas de rigor.

Al lío, que esto empieza a parecerse a una entrada eterna de una canción…Recuperábamos para la ocasión a Paco Cifuentes (Kelly anda invadida por el espíritu del sevillano sólo de pensar que en septiembre habrá disco nuevo) y a Ronnie (fica bem, muito bom), el percusionista brasileño sin cuya colección de “cacharros” (me flipan especialmente las cáscaras de nuez y los cascabeles dorados que utiliza) el sonido de los 5 Tristes Tigres no sería lo que es. Puestos a recuperar, recuperamos también la lamparita de Ikea, fundamental para dar ese ambientillo insustituible…



“Platos rotos”, “Circo Ambulante Musical”, “Un tigre en la ciudad” (atención a los movimientos de melena del público que se sabe la canción), “Mundo Alborotado”… así fuimos abriendo boca. El empeño de Paco por conseguir que Carlos rugiera fue uno de los momentos más divertidos del principio del concierto. Al final, Carlos rugió, para que no se diga.


Esta vez en lugar de 5º Tigre teníamos 5ª Tigresa: Merche Corisco. Vi cantar a Merche por primera vez hace unos siete u ocho años, como artista invitada de una alumna de mi madre, Belén Arjona, que en aquel momento luchaba por hacerse un hueco en esto tan complicado de la música. Ahora Belén ya ha publicado su segundo disco, pero yo me acuerdo de cuando, muy jovencita, cantó en mi graduación del Instituto. Yo recordaba otra Merche Corisco, en el Rincón del Arte Nuevo, otro estilo muy diferente, de lo más rockero, y me reencontré con ella ayer. Sigue cantando igual de bien, de hecho, mi madre (esa memoria histórica) recordaba perfectamente su voz. Pero tengo que decir que este viraje artístico no termina de convencerme. No sé si son las letras o las melodías, pero no lo veo claro. Me temo que para Merche Corisco lejos quedan ya Janis Joplin y “Sobran las palabras”. Como dicen en portugués… sei lá. Vamos, que no sé.

Por su parte, los Tigres estuvieron inspirados. Dimos varias vueltas concéntricas alrededor del Libertad 8: desde “Adriana”, de Kiko Tovar, hasta “Vigas de Madera”, de Paco Cifuentes. Qué bonita la “Habanera” de Alejandro Martínez, y eso que no es una de mis canciones favoritas: me encanta cuando a veces los Tigres cantan bajito, en voz queda… Miguel Dantart, por su parte, cantó “El Perrito Faldero”, que creo que debería ser de obligada escucha para algunos…


Por cierto que Kiko nos contó que se había cortado un dedo y su farmacéutica le había dado tiritas de tela, según ella, "para artistas". Menos mal que contábamos con la Dra. Marta que nos confirmó que las tiritas de tela son mejores para todos, no sólo para los artistas. Menos mal...

Hicimos una cuestación de bolsas gratis con “Plásticos” (con lo fan del reciclaje que soy yo, que dice mi madre que me van a dar un premio), y tuvimos una experiencia paranormal con “Poltergueist”, en cuya intro hubo un momento que espero con impaciencia en cada concierto: Alejandro cantando eso de “dame veneno que quiero morir, dame veneeeeeno”…

Vamos, en definitiva, que estuvo muy bonito, esto sí que es musicoterapia. Me imagino que mucha gente se lo dice, pero yo lo voy a dejar por escrito: ir a verlos en directo me hace feliz. Así de fuerte y así de claro. Hala, ya lo he soltado. Y encima ya me han liado para toda la semana Tigresa en el Libertad 8: mi prima quiere ir a ver a Miguel Dantart el domingo, he quedado con Kelly, Xio y Carlos para ver a Alejandro Martínez el lunes, la Kelly no creo que se pierda a Paco Cifuentes el martes… y ¿cómo no voy a ir a ver a Kiko el jueves? Si es que me lío y...

Tres momentos bonitos: Miguel Dantart firmando su disco para mi ahijada Luli, su mayor fan (ver post “He creado un monstruo… o cómo los niños nos mejoran siempre”), la cara de Kiko cuando le dije que probablemente me voy al Sahara y el apoyo de mis colegas. Si ya digo yo que si en mi oposición se valorasen los amigos como mérito, yo aprobaría sin estudiar...