11 junio, 2006

Las lunas de Kikel

Siempre me ha gustado la Luna. Muchas noches, de madrugada, me encuentro a mí misma subiendo un poco la persiana para mirarla, como poseída, sin ningún motivo especial. Supongo que es una especie de atracción. Dicen que dado que mi signo es Cáncer, la Luna es mi astro regente. Nunca hay que creer del todo en estas cosas, pero ya me dice la gente que yo siempre ha sido muy lunática, en el sentido de que parece que el ciclo lunar influye sobre mí más de lo esperable. Y a mí, para qué ocultarlo, me apasiona el tema: creo que puestos a tener un astro regente, mejor que sea la Luna, con sus mares, su cara oculta, las fases de su ciclo. Un cielo sin Luna no tiene sentido.
En Kikel hay dos lunas. O como es una realidad paralela, puede que sólo haya una, o mejor aún, que cada persona ve la luna que quiere cuando está allí. No lo sé.
Así que corregiré. Volvamos a empezar.
Creo que en Kikel hay dos lunas. No son satélites, ya que aunque se ven en su cielo, también pueden descender sobre su superficie. Pero no son habitantes, porque está claro por su piel y su aspecto que no son de Kikel.
Son dos hombres de luna, recortados sobre la superficie plateada del mar, como dos reflejos brillantes a veces, a veces distantes. Como el propio astro.
Uno es como la luna de abril en el Círculo Polar Ártico. Es una luna azulada y clara. Huidiza, porque no se ve siempre, y plateada, con el brillo que sólo tienen las cosas frías que se rodean de nieve cuando no hay nada que escuche tus pasos. La luna azul ilumina las tierras y los valles de Kikel, y es capaz de brillar todas las noches aunque sepa que nadie la ve…
El otro es como la luna roja de Almería. Algunas noches, se puede ver la luna sobre el Cabo de Gata, que adquiere un tono rojizo gracias al polvo del desierto que flota en suspensión en la atmósfera. Tiene ese color increíble, que se mezcla con el añil del mar. Del mar de Kikel, donde yo vivo…
Y sé que son de luna… hasta el nombre de uno y el apellido del otro tienen forma de luna en cuarto creciente (se dice que la Luna es mentirosa, y cuando parece una “C” está en cuarto menguante)…
Estar hecho de luna es una cosa complicada. Es el material más delicado que se pueda imaginar. Quizá por eso los hombres selenitas brillan en el cielo de Kikel. Porque los habitantes del paraíso artificial saben que a las lunas hay que cuidarlas, aunque duren un minuto, aunque sólo haya una persona en el universo que las pueda ver…

Kikel no sería un paraíso sin sus lunas. Pensadlo bien. ¿Desde cuándo en los paraísos no hay cielos estrellados ni lunas a las que mirar? ¿Desde cuándo un buen poema de amor no incluye la palabra luna?

Algo que tener: Una adicción peculiar. Como la de Lady K, a colocarse… tu ropa.

1 comentario:

Eduardo dijo...

Quién fuera Luna para poder reflejarse cada noche en el mar de Kikel...La luna es bella, poca gente la mira, seguramente sólo la gente que es capaz de maravillarse con un eclipse, personas con una sensibilidad especial o simplemente con sensibilidad...te escribí un mensaje el otro día pero creo que no se ha llegado a publicar en el BOE de kikel. Que bonito es mirar la Luna de vez en cuando para seguir soñando o como en tu caso antes de comenzar a soñar. Gracias por tus comentarios kika, antes de dormir mira hacia el Oceano de las Tempestades, allí navego esta noche. Un Abrazo enorme