13 septiembre, 2017

El plástico de tu perfume



Cuando la novela se descargue del todo
estaré subiendo la escalera
envuelta en la nostalgia de tu perfume
volveré a caer
otra vez
Lisandro Aristimuño, El plástico de tu perfume

1.
Estoy cambiando de ropa al maniquí con el que duermo. Han llegado el frío y la ceguera. Debería escribir. Debería saber qué hacer. Sin embargo, solamente pongo la lavadora, compruebo el estado del mercado inmobiliario, vuelvo a pasar por el tamiz algún recuerdo, despacio, hasta que quede fino, suave, hasta que pierda el almidón o el alma y adquiera la suave consistencia de un poema. Que no me haga llorar.


2.
Estoy pensando cambiar de nombre. Los más bonitos son los italianos, si es que algo así se puede decir con esta intención de frivolidad. Llamarme algo tan improbable como Gilda Sanguedolce, fumar en boquilla, tener un jardín del siglo XIX y beber margaritas mientras río estruendosamente. No lo descarto.


3.
No olvido aquel momento. ¿Puede un momento feliz perseguirte hasta la muerte?


4.
¿Por qué no habrá más Gildas? Últimamente sólo inscribo Mafaldas y Amélies.

19 agosto, 2017

Le vent nous portera



Le vent l'emportera
Tout disparaîtra
Le vent nous portera
La caresse et la mitraille
Cette plaie qui nous tiraille
Le palais des autres jours
D'hier et demain
Le vent les portera...
Noir Désir, Le vent nous portera




Cierra los ojos y no pienses en nada. Respira. Te he dicho que no pienses. Que no te dejes atormentar por la falta de sentido de las cosas. Engaña. Finge. Suspira como si nada te importara. Suspira como si algo te importara. Deja pasar los días. Cualquier propósito sirve para darse cuenta de que ninguno lo hace. Escapa.

02 agosto, 2017

Un ratito de gloria


Mi vida antes estaba llena de momentos maravillosos. Se producían casi en cualquier situación, y por cada enorme decepción que me producía lo cotidiano había una foto mental que me salvaba. Al parecer esos estados de gracia se producen por el mismo motivo que mis desesperaciones varias: porque todo me lo tomo - o me lo tomaba - a la tremenda. Exactamente como todos te dicen que no debes tomarte las cosas. Claro que esos todos suelen tener una vida bastante aburrida, quizá como la existencia que tengo yo ahora.




Últimamente mis ratitos de gloria se producen exclusivamente cuando estoy dormida. No sé si me acuerdo de ellos o directamente me los invento. El último fue anteanoche. Estoy obsesionada por tener bañera, por cierto. Cada vez que alguien me habla de reformar su casa y unir cocina y salón o desguazar la bañera me pongo enferma. Eso es porque no viven en este apartamento.

Mi obsesión con las bañeras llega a tal punto que cuando sueño algo y me acuerdo, siempre hay un componente acuático. Con burbujas y volutas de vapor. Sin embargo, esta vez no fue así. Me vi de pronto dejando que un gatito me enredara el pelo, caminaba por una callejuela oscura y de pronto aparecía la Fontana di Trevi. Y yo, vestida de negro, dejaba el gatito sobre los adoquines y avanzaba a trompicones: ni siquiera sé si acerté a quitarme los tacones. Lo siguiente que recuerdo eran mis gritos...

- Marcello! Come here!

Pero no había Marcello. Bueno, sí que lo había, pero no se llamaba así, y por lo tanto, no se dio por aludido. Atravesó la plazoleta como si mis gritos no fueran con él. Quizá hasta le di miedo. Y eso que en mi sueño era pechugona y todo. Como la Ekberg.

23 julio, 2017

Ya no cumplo años

Tengo la edad que siempre tenía mi madre cuando yo era pequeña. Cuando me preguntaban, como no sabía qué decir, le atribuía mi número favorito. Qué mejor edad.

Recuerdo la desilusión cuando me dijo que estaba equivocada. Desde entonces, me dejó de importar el paso de los años. Si me preguntan, nunca sé. Con la edad de las personas mayores me hago un lío.

atardecer
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