30 mayo, 2019

Interior. Noche.


Interior. Noche. Un bar, luz amarilla. "Si no supiera que es imposible, diría que está celoso". Celoso de él, celoso de mí y de unas botas grises prestadas, de las risas a mi alrededor, de un amigo que me anima a hacer lo que quiera.

Una habitación blanca con un corazón en la puerta.

Yo masticando aquello de 'cause I'm not listening to you any more, my head is too sore and my heart's perforated, y no te miento, esto va a ser un desastre porque estoy aquí por otro, y el otro lo era todo en aquel momento, era una especie de agua sucia que no podía dejar de beber, y tú, tú y mis botas prestadas, tu cara de actor de Hollywood y esa expresión, contención y desdén. Eres preciosa. Eso me sirvió y fue suficiente. Lo justo para lanzarme de cabeza a una noche congelada, sin besos, caricias ni abrazos, pero con una belleza extraña. La suya. Un desastre de noche que terminó la mañana siguiente con un mutis por el foro sin despedida, conduciendo hacia el trabajo y sintiéndome aún abandonada en aquella cama.

Después de aquello te he visto varias veces, y ambos hemos actuado como si no hubiera ocurrido nada. Como si apenas nos conociéramos. Por eso no sabes que aquella noche del fin del mundo sirvió para algo: para dejar de beber de aquello y salir corriendo. Sigues siendo condenadamente bello, continúas teniendo esa pose de maldito y no sé si sigues viviendo en aquella casa con corazones en las puertas. En todo caso, va por ti. Porque lo importante debe quedar por escrito, aunque aquella noche ni tú ni yo nos lo mereciéramos. Lo que mereció la pena, aun retorcido y casi muerto, fue aquel instante de belleza.

27 mayo, 2019

Todo es gradual

septiembre de 2018

Todo es gradual, incluso el shock. Mi llegada a la desesperación fue lenta, aunque me pareció lo contrario. Creí hundirme en 24 horas, y la realidad fue que el proceso había sido tan lento que apenas me di cuenta de lo que ocurría. Cuando abrí los ojos, todo había desaparecido: los puntos de referencia, las ganas de escribir, los amigos e incluso el interés por todo. Especialmente, el interés por salir de donde estaba, respirar, pedir ayuda.

Y, de pronto, he querido volver a escribir. Intenté llorar de la emoción - o de algo - y sólo pude abrir la puerta de la calle y ponerme a bailar.

24 mayo, 2019

Atardecer

1.
Supongo que cada lugar tiene su color. Helsinki tenía unos atardeceres eternos, en los que el sol - cuando lo había - pasaba por todas las tonalidades de naranja hasta convertirse en luz gris azulada y desaparecer. Aquí no es así. En las tardes claras el cielo se vuelve rosa y morado y se mezcla con la llamada a la oración y el ruido del tráfico.

2.
Quiero volver a escribir poesía, pero sé que la poesía, o al menos la mía, es una especie de veneno que me aleja de donde debería estar literariamente. Pero es un veneno y una droga, que me acerca a los abismos interiores que han permanecido precariamente obturados durante años, esos de los que nunca se sabe qué puede salir más que desorden o incluso muerte. Como si el desorden o la muerte no fueran buenos propósitos a la hora de escribir, o al menos fines suficientes. O como si me hubiera olvidado de cómo se coloca una palabra al lado de las otras para que digan algo con vocación de permanencia. No lo sé. Hay algo que da aún más miedo: eso de escribe lo que quieras, porque total no vas a ninguna parte.

3.
A alguna parte. No sé si quiero ir, sinceramente.


15 marzo, 2019

My (not so) beautiful launderette


... ahora me siento fatal por ayer...
Quique González, No es lo que habíamos hablado


Podría decir lo mismo que Guille Ortiz.

Más o menos lo mismo, sin querer compararme, por supuesto, porque yo no he tenido columnas por las que me pagaran bien ni nada de eso. Pero en algo de lo que él escribe me reconozco. Creo que a los dos nos ha ganado o cotidiano, a él con algo de mejor gusto que a mí. Es curioso porque su Madrid es mi Madrid también, una buena parte de la gente que él conoce ha pasado también por mi vida, y qué quieren que les diga, me gusta cómo escribe.

Ser parte de algo, de algo importante, a ser posible. Supongo que en el fondo hablamos de eso. Podría serlo. En esta ciudad de cielo rosa - y no es poesía - están pasando cosas, pero me siento una observadora que ni siquiera lo disfruta, con una novela que no avanza y que busca formas de ocupar las tardes que no sean leyendo, porque leo y me indigno o me asalta la pereza.

Me envía una foto desde una lavandería. Podría estar bebiendo un whisky y leyendo algún relato de Lucía Berlin, pero en realidad lee algo suyo en lo que estoy yo, porque ya se lo he dicho, señores, yo antes molaba. Nos enfrascamos en un debate acerca de los motivos de la proliferación de estos negocios en España, sin encontrar mayor razón que quizá la gente está tirando las lavadoras porque ya no les caben en sus casas. De pronto, los mensajes se cortan y desaparece por donde había venido, y yo ya no sé si soy la chica de las medias con blonda o alguien que ya no sabe más que vestir un traje de chaqueta negro de camino al trabajo.

Tengo ganas de salir corriendo y de volver. Quizá debería volver corriendo. O darme una oportunidad...